Muy querido amigo:

 

Por la Académica de Número doña Cora Cané

Lo abro así, impulsivamente, y ahí está otro cacho de su vida. No importa la página ni el capítulo. Importa "descubrirlo" en una frase, en una respuesta a Marcelo, en el golpe de ingenio, de ironía, de nostalgias. Es un libro 10, como dicen los pibes de hoy. Es de esos libros que no se empardan. ¡Toda una vida, compañero…! Me llegó fuerte el recuerdo del tío piamontés Guido Zappa y los recuerdos navideños. Mi abuelo fue piamontés y siempre se me cae un lagrimón al evocar su estampa y sus finezas.

¿Qué me deja en el alma su libro, caro José Gobello, José Gobel…? Nada menos que la profunda emoción de haber participado de su intensa y apasionada vida, casi día a día. No falta nada, nada. Hasta el amor, Marta, el hijo, las melancolías, las euforias, las luchas por las ideas y los edealismos, la humillación de la cárcel, las pequeñas muertes cotidianas. Como somos de la misma generación, todos sus recuerdos en cierta manera también son los míos, pues juntos vivimos épocas muy especiales en el andar político y social de nuestro país.

Y también camino paralela a usted, en eso de la poesía, los sueños y los ensueños, y esa sutil melancolía que nos acompaña obstinadamente, aunque el sol brille y uno se declare feliz.

Es un gran libro, de veras. Y lo es, porque es la evidencia de la vida, plena y llena de marchas y contramarchas, como son los destinos. En el esplendor del universo, también su vida -las vidas- tienen su espacio, su energía, su vibración. ¿Es así la inmortalidad?

Gracias por su regalo, que guardo devotamente. Un fraterno abrazo para usted y la dulce Martita. Y ahí se me aparece de repente Raúl González Tuñón: "Si quieres ver la vida color de rosa / echa veinte centavos en la ranura…" ¿Porqué lo recuerdo ahora? No sé.