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Por el
Académico de Número don
Marcelo Héctor Oliveri
¿El lunfardo es una lengua muerta? Cuando
decimos que el lunfardo está siempre en
permanente evolución expresamos una gran
verdad. Si hacemos un repaso (como vamos a ver)
nos encontraremos con un montón de palabras
pertenecientes al lunfardo de nuestros abuelos,
caídas ya en desuso.
Este informe intenta recopilar
algunos términos que ya no se usan y han
sido reemplazados por otros.
Una expresión muy usual
entre los presos, para quienes constituía
una voz de alerta que señalaba la proximidad
de los guardias, era ¡Araca!, voz de alarma.
Proviene del caló aracatanó, guardián.
Bachicha, persona italiana,
principalmente si es de nacionalidad genovesa,
procede del genovés Baciccia, hipocorístico
de Giovanni Battista. Sólo se la usa en
la expresión gordo bachicha, pero fue muy
corriente hasta los años 70.
Otro tanto ocurre con cajetiya,
petimetre. Deriva del germanesco jaque, rufián,
y su aumentativo jaquetón (cajetilla supone
una metátesis de jaquetilla).
Cuando en los años 30
se decía que alguien era un cafaña,
se designaba a un hombre rústico y de baja
condición, principalmente si era de mal
vivir. Se trata del término napolitano
cafónë, hombre rústico.
No hay que olvidar que el lunfardo
fue introducido por los inmigrantes. Es por eso
que la mayor parte de este vocabulario procede
de los dialectos peninsulares.
El portuguesismo bondi comenzó
a usarse para nombrar al tranvía. Surgió
en Río de Janeiro cuando se fundó
la Companhia de Transportes Colectivos Jardím
Botánico, ocasión en que la empresa,
que era inglesa, emitió acciones -bonds-
para formar el capital, y el pueblo, que no entendía
el inglés, identificó a los tranvías
con dichos bonds.
Para referirnos a la mujer,
el lunfardo propone un término ya olvidado
y casi perdido: percanta. Así se denomina
a la joven, considerada desde el punto de vista
amatorio. Probablemente, se origine en el castellano
percal, tela de algodón, muy empleada en
la indumentaria femenina. Pero como los tiempos
cambian, hoy nadie dice percanta para referirse
a la mujer. Tampoco se dice grela. Decirle grela
a una mujer hoy puede sonar a insulto. En la actualidad
grela es la mugre, la suciedad. Esta acepción
comenzó a difundirse en la década
del 60 y es posible que provenga de gremu, forma
vésrica de mugre.
Cuando queríamos expresar
que una persona era tonta, los muchachos de antes
decíamos manú, término surgido
del caló. También al gil y al otario
se le decía chabón. Esta expresión
corriente en muchos tangos del 30 y el 40, aparece,
por ejemplo, en el tango Muchacho, con la acepción
de tonto o perdedor. En la actualidad, los jóvenes
la emplean para designar al sujeto innominado.
Aquí nos encontramos con una palabra que,
si bien figura en el Novísimo Diccionario
Lunfardo (Corregidor, 2004), de José Gobello
y quien esto suscribe, con las dos acepciones,
hoy por hoy para los jóvenes no significa
tonto. Un chabón para la generación
del tercer milenio es una persona a quien no se
la conoce por su nombre de pila.
La Academia Porteña del
Lunfardo, desde hace 43 años viene estudiando
el lunfardo y sostiene que el pueblo agranda el
idioma. Ese agrandar el idioma hace que con el
paso de los años las palabras se reemplacen
por otras y hoy muchas de ellas apenas son un
recuerdo de un tiempo ido. Esos términos
están en la memoria colectiva de nuestros
abuelos, padres, o en tangos y poesías
que nos recuerdan un pasado no tan lejano.
Extraído de: Idiomas
y comunicación, mayo/junio 2005.
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