Szymsia Bajour, un músico notable

 

Por el Académico de Número, don Oscar del Priore

El 8 de febrero pasado murió en Buenos Aires el violinista Szymsia Bajour, que había nacido en Nasielk, un pueblo cercano a Varsovia, Polonia, el 4 de abril de 1928. Allí su padre tenía una confitería. Siendo muy niño le gustaba mucho la música de los violinistas tziganos, a quienes escuchaba por radio. Entonces comenzó sus estudios de violín en el Conservatorio Nacional de Varsovia, con el maestro William Krischtal. La familia Bajour llegó a Buenos Aires en 1937, y Szymsia continuó su instrucción musical con Ljerko Spiller. Algunos años después era violinista de fila en la Orquesta Sinfónica Nacional.

En aquellos años el tango remaba en Buenos Aires, y el joven Szymsia se sintió atraído por esta música. Le agradaba la forma de Julio De Caro, y tuvo la idea de fusionarla con el estilo tzigano que tanto apreció en su niñez. Ello puede advertirse en sus interpretaciones tangueras. A Bajour le gustaba mucho la forma de Enrique Camerano, primer violín de Osvaldo Pugliese, quien precisamente conjugaba esas vertientes y era una suerte de De Caro gitano. Con el correr del tiempo, Bajour no ocultó tampoco su admiración por Elvino Vardaro, declarando alguna vez que era su preferido entre los violinistas del tango. Como su nombre era muy complicado, y aunque la traducción correcta era Sansón, empezaron a llamarlo Simón. Familiarmente le decían Tito, y ese es el origen de su primer nombre artístico, que adoptó para su exitosa andanza con el tango. Tito Simón, aunque en el ambiente tanguero se lo conocía simplemente como Simón. Y llegó entonces su etapa de tango: veinte años de labor intensa como integrante de diversas orquestas, ya que era muy buscado por su capacidad para adaptarse a cualquier estilo y su técnica que le permitía tocar cualquier partitura. Durante esos años seguía estudiando, y es sabido que en los intervalos de sus actuaciones, mientras sus compañeros descansaban, jugaban a los dados o a las cartas, o tomaban algo, Simón buscaba un lugar tranquilo e incesantemente tocaba estudios y ejercicios o ensayaba alguna partitura. Comenzó con el tango en 1941 en los carnavales de un club de Hurlingham. Tocó con Tito Martín, Emilio Balcarce (en la orquesta de Alberto Marino), Enrique Alessio, Carlos Demaría, Roberto Dimas, Edgardo Donato, Roberto Caló, Miguel Caló, Joaquín Do Reyes, Atilio Stampone-Leopoldo Federico (Orquesta co-dirigida por ambos maestros), Atilio Stampone, Florindo Sassone, Miguel Nijensohn, Osvaldo Fresedo (en grabaciones) y el conjunto "Los príncipes del violín". En 1951 se sumó a la orquesta de Carlos Di Sarli, que estrenó su único tango que le conocimos, Duele más, con letra de Reynaldo Yiso. En 1959 estuvo con Osvaldo Pugliese, integrando su orquesta en una gira por la Unión Soviética y China. También tocó con Argentino Galván, en el conjunto "Los Astros del Tango". A fines de 1960 se incorporó a la orquesta y quinteto de Astor Piazzolla, con quien permaneció un año. En sus actuaciones con Galván adoptó el nombre de Simón Bayúr, y al incorporarse al conjunto de Astor utilizó ya su verdadero apellido: fue Simón Bajour.

Tocando con Piazzolla demostró su técnica notable. Recuerdo que Astor había llegado de Estados Unidos tiempo atrás y estaba tocando en radio Splendid, con la orquesta estable de la emisora y con su quinteto, que todavía no tenía violín, sino vibrafón. Cantaba la casi adolescente Nelly Vázquez. Los violines eran músicos de la radio, que no satisfacían para nada a Piazzolla. Una noche, luego de la interpretación de Melancólico Buenos Aires, que lleva un solo de violín con muchas dificultades, se lo vio contrariado a Piazzolla. Dijo: "Esto no va más. Cuando tocaron el solo de violín me parecía que me estaban operando sin anestesia". Como no había presupuesto para más músicos, Piazzolla hizo un cambio: eliminó al vibrafón y contrató a Bajour. Con él, Astor pudo estrenar una serie de tangos que se convertirían en clásicos, sobre todo Adión Nonino. Otro de los tangos de esa época fue Calambre, que tiene una parte de violín muy complicada. Piazzolla llegaba bastante temprano a la radio para ensayar. Bajour no podía hacerlo porque tenía otros compromisos, cosa que exasperaba al preciosista director. Recuerdo que cuando trajo las partes de Calambre, como Bajour se demoraba, Astor dijo: No lo vamos a poder hacer esta noche. Sin embargo, poco antes de la audición llegó el violinista, tomó la parte tocándola como si la conociera desde siempre. Me acuerdo que Astor me dijo: "No lo puedo creer. El Ruso lo tocó a primera vista como si se tomara un vaso de agua". Y lo estrenaron.

Ese fue el final de la carrera tanguera de Bajour, aunque tuvo algunas incursiones posteriores aisladas, como integrante del Melos Ensemble de Buenos Aires, grabó Tango Seis, de Piazzolla, y en 1975 participó en la producción discográfica de Ben Molar Los 14 de Julio De Caro, con una memorable interpretación del tango Todo corazón. La Academia Porteña del Lunfardo lo distinguió con su diploma A la Gloria del Tango. Fue Académico de Honor de la Academia Nacional del Tango. Viajó en 1961 a La Habana, actuando como concertino en la sinfónica de esa ciudad. Lo escuchó David Oistraj, quien le gestionó una beca por la que se perfeccionó durante dos años en el conservatorio Chaikovsky de Moscú, con el maestro Boris W. Bielinky.

Adoptó entonces su nombre real. Ya como Szymsia Bajour actuó como concertino en diversas orquestas: la Filarmónica de Buenos Aires, la Orquesta de Jóvenes Músicos de la Argentina, la de la Universidad de San Juan y con gran parte de los organismos sinfónicos argentinos, la Filarmónica de San Pablo, la de la Universidad Nacional de Veracruz, la Filarmónica de las Américas, la Sinfónica del Estado de México y la Orquesta Estable del Teatro Colón, a la que perteneció entre 1984 y 1993. Realizó giras por la Unión Soviética y Estados Unidos, actuó en el Tercer Festival de Música de las Américas y España para el estreno europeo del concierto de Alicia Terzián, que ya había dado a conocer en el Teatro Colón de nuestra ciudad. En el primer Festival de Música Contemporánea, en Buenos Aires, 1970, estrenó en nuestra ciudad el Capricho para violín y orquesta, de Penderecki. Se destacó también en Buenos Aires en sus ciclos de las Sonatas de Beethoven.

Se dedicó finalmente a la enseñanza llegando a ser uno de los maestros más prestigiosos del país, labor que continuó hasta hace algún tiempo en que su salud no se lo permitió más. Bajour era un hombre sumamente culto y quienes lo conocimos apreciamos su calidad humana, además de su talento artístico.