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Por el Académico
de número, don Roberto Selles
Hace 131 años, el 4 de marzo de 1874, nacía
en Callao y Piedad (actual Bartolomé Mitre),
Casimiro Aín, en el hogar del vasco francés
Juan Aín y de la italiana Rosa Rataro.
Desde su infancia, fue conocido como "El
Vasquito" y "El Vasco", aunque
supo ostentar, asimismo, otro apodo, el de "El
Lecherito", a raíz del oficio paterno,
con el que colaboró inicialmente. Pero
su destino no estaba en el negocio paterno sino
sobre las pistas y los escenarios, entre cortes
y quebradas.
Al primero de esos escenarios subió como
integrante de la compañía circense
de Frank Brown, en 1888, con apenas catorce años.
Después vino su primera aparición
en París, donde dio a conocer el tango
bailado, según sus propias palabras, aunque
también refirió que se había
embarcado como apuntador. Se nos hace imposible
no dudar de ciertas declaraciones del bailarín,
ya que muchas de ellas lo muestran proclive al
macaneo de características ególatras.
Pero si realmente bailó en aquellos días
en París, fue el primer argentino en hacerlo
en tales latitudes.
Ya aquí, en 1904, estaba bailando en el
Teatro Ópera, en compañía
de su esposa Martina (o Marta) M. Posteriormente,
se ganó el pan como profesor en algunas
academias de baile, y fue uno de los organizadores
de los bailes del Salón San Martín,
conocido popularmente como "Rodríguez
Peña". Pero pronto Buenos Aires comenzó
a quedarle chico y, en 1913 se largó nuevamente
hacia París, con su esposa y el trío
conformado por Vicente Loduca, Eduardo Monelos
y Celestino Ferrer. Debutaron en el cabaret Princesse,
que luego se convertiría en el celebérrimo
El Garrón. El éxito les dio ánimo
para presentarse en los escenarios de España
y Estados Unidos.
Viajero infatigable, apenas asomados los "años
locos", ya estaba otra vez en París,
donde se le conocía como "El Rey del
Tango", título que, curiosa-mente,
también le fue otorgado, en esas mismas
latitudes, a su colega Bernabé Simarra.
Allí, con su nueva compañera Jazmine,
resultó ganador del Championatt du Monde
de Danses Modernes (1920).
Jazmine no demoró en ser reemplazada por
la probablemente alemana Edita Peggy. Con ella,
recorrió -además de Francia- Dinamarca,
Inglaterra, Alemania, Suiza, Portugal, Italia,
Hungría, Polonia, Rumania, Rusia, Grecia,
Turquía, Egipto y Brasil. En 1924 volvemos
a encontrarlo en Europa. Lo que ocurrió
entonces es ya parte de la leyenda.
Se dijo y se repitió en infinidad de oportunidades,
que el 1° de febrero de 1924 bailó
-con María Scotto- ante el Papa Pío
XI, a fin de que éste comprobara que la
danza del tango no era realmente pecaminosa, como
se decía. No obstante, según el
musicólogo e investigador Enrique Camara:
"encontré una desmentida oficial de"L'Osservatore
Romano", curiosa además, aclarando
que ante el Papa no se había demostrado
nada".
Luego de la Peggy, fueron sus compañeras
Simonette Guy y La Beba, que lo acompañó
en sus últimas actuaciones, en los 30.
El destino lo castigó de la peor manera
¡debió
serle amputada una pierna engangrenada! Se despidió
de la vida el 17 de octubre de 1940. Debe haberse
marchado satisfecho; llevó el tango al
escenario en forma sistemática, contribuyó
a la evolución de su danza, la paseó
por el mundo y entró en la leyenda aún
en vida.
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