Tangosofías

  por el Académico Correspondiente en Bahía Blanca,
don Eduardo Giorlandini


Existen circunstancias en que resulta sumamente grato comentar un libro. Y este es el caso, con sorpresas y asombros, así como con el convencimiento de que su contenido y sustancia transmiten innumerables facetas que merecen destacarse con indudables reconocimientos. Me refiero a La burla de la realidad. Tangosofía, por Roberto Aizcorbe (Occitania, 2001, Buenos Aires, 217 pág).
La glosa de la contratapa merece ser transcripta aquí, máxime que con ella estoy completamente de acuerdo, y con la seguridad correspondiente al cabo de la lectura de la obra; y no una lectura común, porque la profundidad de conocimiento que refleja obliga a aprehender de modo reflexivo, al cual uno está determinado compulsivamente. Empero, haré mis comentarios, desde otros ángulos.

Desde mi escorzo y por mis motivaciones intelectuales, que se compadecen con las de un lector tenaz, que ha comprobado el aserto de Aristóteles en cuanto a la felicidad que da el conocimiento, lo primero que quiero destacar de la burla de la realidad es que genera impulsión constante con nexo al acto de pensar y razonar; más abre fronteras mentales nuevas, o poco advertidas en la bibliohemerografía; digo, de otro modo, que, acostumbrado al pensamiento crítico y a rastrear en el submundo de la realidad y del conocimiento, el libro enseña -no sé si ha sido así concebido-, una mayor amplitud lógica y una modalidad distinta de razonamiento que nos conduce a la verdad, o a lo que más puede aproximarse a ella.

Veamos esto con mayor detalle. Hay aquí una actitud estructuralista, filosóficamente hablando, despojada de los neoestructuralismos con los que algunos han querido demostrar, alternando, las bonanzas de doctrinas científicas que a la luz del conocimiento actual han quedado sin suficiente respaldo.
Se trata además de una actitud que indaga en el submundo, en la intimidad recóndita de la vida humana, la cultura y la civilización, con lo que se descubren falsedades y las causas reales de resultados propios de una evolución en la que históricamente se van fortaleciendo los mitos, la mentira, la mala fe y la injusticia.

Se trata, también, de descubrir las formas actuales del mal, las de origen desconocido y las de origen conocido, en la medida que se rastrea en la naturaleza y ejercicio de poder, de la crematística, de "las trampas del Azhar", y, agrego, interpretando el libro, de las trampas del egoísmo y de las patologías de uno, basadas en la inocencia, la ignorancia y los sueños de muchos.
Advierto que Roberto Aizcorbe, escritor, periodista y pensador, afianza sus ideas en fuentes relevantes de la filosofía, la historia, la teología, las ciencias, así como en los hechos sociales y literarios nacionales, ya que del tango se trata en los que deseo reflejar en la presente recensión.

Parece empedernido y escéptico o demostrar una arista pesimista de la realidad, pero habla de la burla de la realidad y lo que hace es escribir con razones. En mi hermenéutica, estimo humildemente, que las formas del mal no deben ser ubicadas en un plano de absolutización y que, después de todo, debemos agradecer al cristianismo el habernos dado posibilidades de ejercicio de valores humanos, espirituales y culturales, con las que se atempera la burla de la realidad y se abre el horizonte factible de libertad, esperanza y razonabilidad en la concreción de la ilusión.