Adelanto de la biografía
sobre Ben Molar de Marcelo Héctor Oliveri
1915
El 9 de enero de 1915 nace en Buenos Aires el actor
Fernando Lamas, el 6 de febrero de ese mismo año
en Villa Mercedes (San Luis) nacía León
Benarós, abogado, escritor, crítico
de arte y uno de los fundadores de la Academia Porteña
del Lunfardo.
También ese año por primera vez
actúa Carlos Gardel en el Uruguay, fue
el 15 de julio con su compañero José
Razzano en el teatro 18 de julio en la compañía
de obras cómicas de Enrique Arellano. El
24 de agosto nace en Villa Crespo el actor Ángel
Magaña, además es el año
en que llega al mundo Carlos Ernesto Di Loreto
(Carlos Acuña), fue el 4 de noviembre en
el barrio de Constitución.
Como cierre de año, el 11 de diciembre
Carlos Gardel, que actuaba en el Teatro San Martín,
junto a Razzano en la obra Juan Moreira, con dirección
de Elías Alippi y un vasto elenco que incluía
a Linda Thelma, resuelve festejar su cumpleaños
en el Palais de Glace en la Recoleta. Esa noche
hubo un incidente y Carlitos resultó herido
de un balazo efectuado por un tal Roberto Guevara.
El Morocho que estaba en compañía
de Elías Alippi y Carlos Morganti, se repuso
rápidamente de su herida.
Estos acontecimientos mencionados marcaron el
año 1915 que se corona el 3 de octubre
con la llegada al mundo de Ben Molar un luchador
que después de tanto insistir se entregó
a este cuestionario que recorre su vida.
Él siempre estuvo allí, él
siempre está presente. Fue y es testigo
de los grandes acontecimientos artísticos.
Con su don de gente, su impecable camisa paraguaya
de Aó Poí y corbata gardeliana,
su figura sigue paseando por la Buenos Aires del
2003.
Es difícil definirlo: productor, autor,
músico, amigo de los amigos, fabricante
de estrellas, descubridor de talentos, abridor
de puertas, pibe de Villa Crespo, de Boedo, el
abuelo de sus nietitos y el hermano de Raquelita,
su hermanita entrañable. Es el hijo de
Fanny la tanguera y es el rusito que no siguió
estudiando pero llegó a Académico
de la Academia Porteña del Lunfardo y de
la Academia Nacional del Tango.
Ben Molar significa mucho más que eso.
No creo que ninguno que no sea Ben pueda escribir
sus memorias. Sí creo que vale la pena
charlar a fondo con quien es uno de los importantes
exponentes del espectáculo en nuestro país
y en el exterior.
A Ben lo conocen los tangueros, los escritores,
los pioneros de la música tropical, los
románticos del bolero, los artistas plásticos,
los nueva oleros devenidos en señores maduros
de la tercera edad, los roqueros que ya son abuelos,
los artistas de diferentes ramas, los taxistas
que le gritan que gracias a él Palito Ortega
se salvó y los parroquianos de cualquier
boliche que acodados en un estaño cuando
ven a Molar le agradecen todo lo que hizo por
Tita Merello.
Cuando los oportunistas de turno hablan de tango
y se llenan la boca diciendo que son los difusores
del tango, son pocos los que dicen que Ben Molar
es el creador del día del tango. El día
del tango que se celebra el 11 de diciembre se
debe a Ben Molar y desde este libro intentaremos
contar la verdadera historia de quien es el difusor
y productor más importante de los dorados
años del tango bussines. Pocos son los
privilegiados que a su edad llegan enteros y con
todas las pilas. Ir a cualquier evento artístico
cultural implica encontrarse con su presencia.
Conocerlo y ser su amigo es compartir una gran
parte de la historia cultural de nuestro país.
Este libro intenta ver a un Ben Molar protagonista
de su propio mundo. Aquí vuelvo a insistir
en eso que escribí en las memorias de Gobello:
Yo soy simplemente un intermediario que preguntó
lo que le habría preguntado cualquiera
que hubiese tenido la oportunidad de estar con
él.
Aquí no se trata de escribir una historia
de un ganador ni de un perdedor. La vida es mucho
más que eso. Todos a lo largo de la vida
ganamos y perdemos batallas.
El mundo del espectáculo es muy cruel,
no todo es color de rosa. Existen las envidias,
los celos y las traiciones. Ben Molar se las sabe
todas. Pero aquí no se trata de sacar trapitos
al sol y hablar mal de nadie.
Ben Molar es un ejemplo de cómo superó
esos gajes del oficio y se convirtió a
su edad en el adorado fabricante de estrellas.
Algunas siguen brillando, otras se han apagado,
pero eso no depende de él, depende de aquellos
que alguna vez creyeron que las estrellas siempre
brillarán en el firmamento.
¿Por qué Ben Molar?
Yo era muy amigo de los cantantes de boleros
que estaban de moda por la década del 40.
Gregorio Barrios, también estaba Leo Marini,
Hugo Romani y el más grande cantante de
boleros mexicano que era Pedro Vargas. Como tenía
mucha confianza con ellos, les decía: "Mirá
lo que me mandó mi amigo, Ben Molar, desde
París. ¿Te gusta? Les daba la letra,
la leían y les gustaban esas canciones.
Si yo les decía que eran letras de un argentino
no te daban ni la hora. Fue un poco que gracias
a esa mentirita me grabaron todos estos entrañables
amigos de la canción y de la vida misma.
¿Y qué pasó cuando descubrieron
que Mauricio Brenner, el rusito de Villa Crespo
era el mismo Ben Molar?
Una noche estaba cenando con Gregorio Barrios
que en realidad era un español que había
llegado a Buenos Aires de chiquito. Le pregunto:
¿Qué te parece si le digo a mi amigo
Ben Molar que está en París, que
haga una letra de un bolero, que se llame Final
y que termine diciendo "final de un sueño
que fue triste realidad". Con esas palabras
me vendí. La mentira había durado
más o menos tres años. A Gregorio
Barrios y a otros cantantes les parecía
raro que Ben Molar nunca viajase a conocerlos
personalmente. Aparte ellos ya habían grabado
y las canciones eran un éxito. Esa misma
noche Gregorio me dice: Ben Molar sos vos. De
ahí en más blanqueé la situación
y no lo negué más.
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