Editorial - Discriminaciones

 

Por el Presidente José Gobello

Como quiera que fuere, el Congreso de la Lengua, convocado para el mes de noviembre en la ciudad de Rosario, será el congreso de la palabra, puesto que con palabras se forman principalmente las lenguas. Digo palabra y automáticamente el pensamiento se dispara a la libertad de palabra. Considero que la libertad de creencia, la libertad de pensamiento y la libertad de palabra, son esas tres conquistas que debemos siempre tratar de extender y consolidar, no suelen darse al unísono. Siempre hay un lugar en el mundo donde no se puede creer lo que se quiere, ni tampoco cortar las ataduras del pensamiento y devolverle el habla a la lengua. En un Congreso que versará sobre las palabras, la libertad absoluta parece inexcusable. Se reunirán en el paraninfo los que piensan, los que hablan y los que escuchan. Si alguno de ellos faltara, si alguno de ellos se le cerraran las puertas y se le vedara el ingreso, el congreso se convertiría en una caricatura.

Y ese riesgo es el que se está corriendo. Los que se creen líderes de la libertad de pensamiento y de expresión han puesto trabas -con lamentable éxito finalmente-, a la participación de una de nuestras más distinguidas lingüistas. La discriminación ideológica puso así una impronta en el evento liderado por la Real Academia Española y ahora, superada o mejor dicho dejada de lado esa contingencia desdichada, aparece la disputa, también superada aunque en este caso para bien, entre las ideas transgresoras de uno de los mayores escritores vivientes de la lengua castellana, y quienes, no sin un cúmulo de válidas razones, prefieren mantener, hasta tanto sea posible, el statuo quo ortográfico. Lo malo no es que García Márquez piense un tanto descabelladamente con relación a las normativas tradicionales de la lengua, tampoco es lo malo el rechazo que sus opiniones al respecto han merecido de parte de ilustres lingüistas y escritores. Lo malo, lo perverso, es la discriminación porque los opositores del autor de Cien años de soledad, rechazan mucho menos sus proposiciones gramaticales que su ideología política. Con lo que vienen a actuar, aunque al revés del mismo modo que quienes lograron impedir la presencia de la señora de Mirande.

Todo está teñido ahora por la ideología; nada importa en nadie tanto como sus ideas en materia política e institucional. No creemos que el país está libanizado ni balcanizado; creemos sí que los argentinos no ponemos el entusiasmo debido en la fascinante tarea de reconstruir la unidad nacional. Lo ocurrido, lo ocurrente y lo que ocurrirá en el Congreso de la Lengua debe ser considerado y comprendido a la luz de lo que viene ocurriendo en el país. En la Academia Porteña del Lunfardo, donde nadie ha sido considerado siempre más importante que el modo de pensar, estas peripecias del Congreso de la Lengua -en el que dicho sea de paso, la burocracia no nos permite participar- no puede dejar de sentir un poco de amargura.