Prólogo "Historias con ladrones"

 

Por Marcelo Héctor Oliveri

Los Redonditos de Ricota cantaban en una canción ochentosa que todo preso es político. Pero en los albores del nuevo siglo la canción no es la misma.

Cuando José Gobello estuvo preso, en la década del 50, en la Prisión Nacional no fue un preso vip. Era inimaginable que eso pudiera ocurrir. Todos los que estuvieron en cafúa pagaron su inocencia de una u otra forma. Había sed de venganza y los que fueron víctimas eran los que amaban la democracia.

La cárcel para Gobello no fue, sin embargo, un templo donde juntó resentimientos y bronca. Él, dentro de todo, no la pasó tan mal. Siempre cuenta que la política es así. Quienes creemos en los derechos humanos nunca vamos a entender el odio y la venganza.

Justamente para Gobello no hubo odio ni venganza. Eso habla de su temple y de la nobleza de su ánimo. Fue justamente en la cárcel y rodeado de un ambiente marginal, anche politizado, donde dio rienda suelta a su capacidad de intelectual.

Haber escrito en prisión Historias con ladrones, tener un cuñado que lo visitaba y funcionaba como una mula que sacaba los cuentos escritos como si fuesen pájaros en busca de la libertad y publicar ese libro cuando todavía él mismo no la había recuperado, hablan a las claras que nunca se dejó amilanar.

Los cuentos bien dicen que cuentos son. Cuando los leemos nos imaginamos que pudieron ser verdad si es que están bien escritos. Yo tuve la suerte de haberlos leído y siempre me hicieron creer que las historias son reales.

Gobello no me lo niega, pero tampoco me lo confirma cuando le pregunto si habían sido ciertos. Creo que aquí está el resultado de porqué Gobello es creíble como cuentista.

Quienes nunca estuvimos en la oscura prisión, nos imaginamos la cárcel como lugares donde morimos en vida. Vemos en ese hospicio frío y gris a los tumberos violando y dando muerte a los más débiles. Nos imaginamos una ranchada y creemos en la regeneración. Y vemos a los guardiacárceles como los malos de la película. Sin embargo los que han estado alguna vez privados de su libertad niegan y nos dicen que puede ser creíble o no serlo.

Cuando terminé de leer Historia con ladrones me costó imaginar a Gobello preso. Se me hizo difícil verlo sin afeitar y con la camisa y el saco opacados por la mugre mortecina y pestilente de un celular aletargado en los Tribunales.

Él que siempre está impecable y con una sonrisa. Él que con su ironía y su manera de pensar me respeta porque a veces me tambaleo para la izquierda y me ataja con un pensamiento que en vez de darme bronca me hace reír y termino perdonándolo. Así fue y es Gobello. Así es Historia con ladrones. Como se dice ahora está escrito sin careta, sin hipocresía, sin odios ni rencores.
Parece que fue escrito hoy y lo fue hace medio siglo.

Gobello sigue firme, de pie. Se la bancó y se la banca. Muchos al salir de la cárcel hubiesen creído que hacer justicia era salir y empezar a matar a los que no pensaban igual. Gobello salió con la frente bien alta. Creó a los pocos años de ser ex-convicto político una Academia Porteña del Lunfardo y empuñando su FAL de tinta escribió y sigue escribiendo la historia de nuestra cultura popular.

El autor de Historia con ladrones cumple 85 años con la vida y no menos de 80 con la escritura. Como editor he considerado que la reedición de este libro puede constituir al mismo tiempo un bello obsequio y un merecido homenaje.

Por ello se han impreso 85 ejemplares numerados, destinados a otros tantos amigos y admiradores seleccionados entre los muchísimos que enriquecen la vida y el espíritu del autor. Esos ejemplares constituyen la presente edición.