| |
Por José Gobello
En mi editorial del número anterior recordé
al Amigo (Medalla de Plata), Rodolfo D'Agostino,
mencionando el "trabajo de Galeoto"
que se tomó para compilar los índices
de nuestras primeras 1500 comunicaciones académicas.
D'Agostino se queja ahora cariñosamente
de la palabra galeoto que le apliqué,
porque el diccionario le dice que es un sinónimo
de alcahuete. Ha sido un lamentable error, en
efecto. Debió escribirse galeote,
que era quien remaba en las galeras y lo hacía
sin pausa ni respiro.
Galeoto, en cambio, es ciertamente el alcahuete,
pero no sólo en el sentido de correvedile,
chismoso, ortiva o buchón, sino más
bien en el de quien se entrega a actividades propias
de una celestina, es decir a tejer relaciones
sentimentales entre dos personas. El nombre está
tomado de un personaje al que recuerda Dante en
la Divina Comedia y lo coloca en el círculo
de los lujuriosos porque tejió los amores
de la reina Ginebra y Lanzarote del Lago.
¿Por qué la confusión de
galeote con galeoto? Creo que debe
atribuirse al título de un drama de José
Echegaray, dramaturgo español que disfrutó
una fama sólo superada en dimensión
por el olvido que ahora padece. Este hombre, que
obtuvo el premio Nobel, produjo entre otros muchos
un drama titulado El Gran Galeoto que alcanzó
en su momento gran repercusión en España
y en buena parte de Europa.
|