Editorial - El día del Lunfardo

 

Por el Presidente José Gobello

No es poca suerte la que me permite presidir por quinta vez la celebración del Día del Lunfardo, surgida por feliz iniciativa del Marcelo Héctor Oliveri y apadrinada por el Círculo de Poetas Lunfardos. Y tampoco es poca suerte la de que cada año que pasa me consiente uno más al frente de una institución que imaginamos y fundamos en 1962. Dicho está con reiteración necesaria que la elección de estas celebraciones, coincidente con el aniversario de Lunfardía, no se funda en los méritos reales o supuestos de esta obra sino en lo que alguna vez hube de llamar la desacralización del lunfardo. Se trataba entonces de despojar a esta palabra de toda connotación delictiva para referirla a lo que realmente es: el habla coloquial de la ciudad de Buenos Aires. No sé si el intento de desencriminar a un vocabulario que como dice Lunfardía es menos hijo de la cárcel que de la inmigración, fue feliz. La creación del Día del Lunfardo, de todos modos, contribuye a ello.

Seguimos transitando la vereda de la cultura popular, que no se nutre de la cultura oficial sino que por el contrario la abastece. Por esa misma vereda circulan otras celebraciones que se emparientan con la nuestra. Me refiero a la del Día del Tango, producto de la inspiración y la perseverancia de Ben Molar. Esa celebración se apoya ahora en una ley de la Nación Argentina. Creo que no le hace falta, pero de todas maneras lo que abunda no daña. A veces las instituciones culturales populares -es decir las que florecen y frutecen al margen de los organismos burocráticos que hacen cultura con plata del pueblo- crean también su propio día. Así surgió hace un par de décadas el Día del Poeta Lunfardo, celebrado el 12 de junio, fecha en que se creó el Círculo de Poetas Lunfardos. Detrás vinieron el Día del Bandoneón, instituido por la institución que entonces presidía don Víctor Sasson; el Día del Café y el Día de la Milonga, que se celebrará por primera vez el 2 de octubre.

Son días para el júbilo y también para la meditación. Por lo menos así lo entiende la Academia en lo que al lunfardo se refiere. Porque el Día del Lunfardo no es el día de la jerga criminosa, sino el de un léxico traído por la inmigración que pobló el desierto alberdiano y lo sostenemos como un tributo a quienes no solamente dieron al surco el sudor de su frente sino también nos trajeron su cultura milenaria.

Con este espíritu nos entregamos a una celebración que cada día es mejor recibida y mejor comprendida por el pueblo.