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Por el
Académico de Número, don
Marcelo Héctor Oliveri
Mariano Mores, una vida para el tango
Buenos Aires, jueves 29 de julio
de 2004. Las marquesinas del teatro Astral nos
indican que Mariano Mores está presentando
su espectáculo Una vida para el tango.
Corrientes parece que es la calle que nunca duerme.
Muchos chicos de Capital e interior recorren la
populosa arteria y nos recuerdan que estamos en
vacaciones de invierno.
En la puerta del Astral veteranos, medianos y
chicos se disponen a ver al maestro Mores. Estamos
en el 2004 y Mariano luce como hace varias décadas.
Los fanáticos empiezan a aplaudir ni bien
comienza un video a proyectar imágenes
de antaño. El primer tema, Una lágrima
tuya, hace que se le piante un lagrimón
a un tanguero que desempolvó el jetra a
rayas y está en segunda fila al medio disfrutando
de su platea valuada en 40 pesos. Con Tanguera
Mores vuelve a recibir el cariño de su
público y el reconocimiento. De hecho la
obra Tanguera está recorriendo el mundo.
Los recuerdos para Nito no se hacen esperar y
los aplausos vuelven a ratificar ese cariño.
Lo mismo que ciertas fotos familiares que lo muestran
al maestro vestido de Papá Noel en una
de las últimas navidades.
El baile, el tango y la composición dicen
presente en el tercer milenio y suenan con nuevos
arreglos. En eso se nota la mano de la tercera
generación de Mores: su nieto Gabriel.
Los temas se suceden mientras Daniel Cortés
canta Uno y arranca el aplauso del maestro.
Alguien de la platea dice: Marianito está
de vuelta. Ahora no es él el protagonista
sino su familia. Silvia, Gabriel, los bailarines
y los músicos.
Los aplausos vuelven a invadir el teatro y ahora
se trasladan a Mirna, su esposa desde hace más
de 60 años que desde la platea le tira
besos y son correspondidos como se debe por el
señor Martínez que con su frac negro
y su cruz lo muestran en envidiable estado.
Cuartito azul, La tablada, La cumparsita, Serenata
orillera, Volver, Canaro en París, Cafetín
de Buenos Aires, van sonando y hasta suenan modernas.
No está mal. La gente es testigo que Mariano
permanentemente hace variaciones y arreglos de
sus obras.
En los últimos años
Mores tocó en el Estadio Obras, lugar elegido
por los rockeros, participó tocando en
el disco de Andrés Calamaro y hasta se
dio el lujo pese a las críticas de convocar
a Charly García a uno de sus shows. Esto
demuestra por qué entre el público
hay mucha gente joven que se acerca a sus recitales
y cuando el maestro termina de tocar le gritan
genio, ídolo y hasta no te mueras nunca
como si fuese un rockero.
Nos guste o no, el tango sigue llenando teatros
y es bueno que ocurra con quien compuso piezas
inolvidables para la historia de nuestro tango.
Sus espectáculos se los podrá tildar
de oportunistas o for export sobre todo por los
números de gauchos con boleadoras y la
famosa bandera Argentina que sale a relucir al
final mientras todos cantan Adiós Pampa
mía y Esta es mi tierra.
Lo cierto es que la familia Mores sigue vigente
y todos (público incluido) se van con la
satisfacción de haber recordado viejos
tiempos en una hora y media de espectáculo.
Mientras tanto, afuera es noche y hace frío.
No se ven ni tranvías ni compadritos, ni
cabarets. Sólo hay cartoneros y gente durmiendo
a la intemperie. No es otro tango, es la realidad.
Esta vez el tango quedó encerrado entre
las paredes del Astral.
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