| |
por el Presidente, don
José Gobello
Ha fallecido el lunes 26 a media tarde el académico
de número Manuel Luis del Yerro Ordaz que
siempre se firmó Luis Ordaz-, uno de los
más importantes referentes de cuanto atañe
al teatro argentino. Su vida había comenzado
en Barcelona el 8 de septiembre de 1912; su actividad
literaria, en 1946 cuando publicó su primera
obra, El Teatro en el Río de la Plata,
o quizá años antes, en 1932, cuando
estrenó su pieza escénica Conquista
Rea. Fue un comediógrafo y dramaturgo que
no desconoció el éxito y pudo dar
a la escena obras de notable valor, la última
de las cuales, Milonga de don José, con
tangos y sainetes de José González
Castillo y música de milonga compuesta
por Juan Trepiana, data de 1989.
También cultivó la narrativa, fue
libretista o adaptador en los medios audiovisuales,
produjo diversas colecciones de obras extranjeras,
ofreció doce entregas de una enciclopedia
teatral, a cargo de especialistas para cada materia,
de la que se habían proyectado setenta
y dos.
Sin embargo su obra escrita, en la que la historiografía
convivió con el ensayo, es, sin duda, la
destinada a perdurar y tiene asegurado el interés
de los estudiosos por muchísimos años,
diremos que para siempre. En ese universo se pueden
espigar Siete Sainetes Porteños (Selección,
presentación y notas, Losange, 1958), Breve
Historia del Teatro Argentino (Selección
y prólogo, ocho volúmenes, EUDEBA,
l962/65), El Tango en el Teatro Nacional (Corregidor,
1977), Los sainetes famosos de don Ramón
de la Cruz (Selección y estudio preliminar,
Losada, 1983), El Tango en la Escena Nacional
(Academia Porteña del Lunfardo, 1997) y
muchísimos trabajos más que merecen
ser clasificados y reunidos para uso de estudiosos
del país como del exterior, donde también
se escuchó su palabra con atención
y respeto.
Durante su larga vida no le faltaron a Ordaz premios
y reconocimientos. Y así en 1981 obtuvo
el Pepino 88 (Instituto Nacional de Estudios de
Teatro, Secretaría de Cultura de la Nación);
en 1982, el Molière; en 1984, el Ollantay;
en 1988, el María Guerrero y otros muchos
que forman una larga nómina. Este hombre
sabio y humilde, laborioso y brillante a la vez,
se incorporó en la Academia Porteña
del Lunfardo como académico de número
el 5 de mayo de 1990, para ocupar el sillón
"Nicolás Olivari", vacante por
la muerte del gran penalista Francisco P. Laplaza.
Dijo entonces: "Es para mi un alto honor
y me enorgullece, desde ya, sentirme parte de
esta prestigiosa Academia". Pocos meses más
tarde, el 30 de noviembre, se incorporó
ceremonialmente en la institución. Pronunció
entonces el discurso de bienvenida el académico
de número don Arturo Berenguer Carisomo,
que en una disertación magistral resumió
la obra del nuevo cofrade y puso término
a sus palabras diciendo: "Celebremos con
regocijo la incorporación de Luis Ordaz
a los veintiocho titulares de la Academia Porteña
del Lunfardo. Con él nos llega un creador,
un investigador, un promotor de las máscaras
argentinas y nos llega, sobre todo, un hombre
serio, trabajador infatigable y sabio que puede
darnos lecciones en su materia y darnos ejemplo
de agudeza crítica, ponderación
estética y alto sentido de la justicia
en la estimación y precio de los valores,
así en la vida como en el arte".
Durante casi tres lustros permaneció don
Luis Ordaz en su sillón Nicolás
Olivari de donde nos lo ha arrebatado la muerte.
Fue un académico disciplinado, puntual
en las sesiones cuando sus achaques le permitían
asistir a ellas, interesado siempre en el funcionamiento
y en el futuro de la corporación. Fue él
quien acercó a esta casa al académico
de número Carlos Pais, que nos acompaña
tan afectuosamente. Ordaz no ha pasado en vano
por la vida ni por nuestra institución.
La una y la otra fueron para el teatro no de acciones
espectaculares sino de una labor perseverante,
intensa y profunda.
|