Comentario de libros -
Curso básico de lunfardo

 

por el Académico de Número, don Luis Ricardo Furlan

Dos tratadistas del habla popular se complementan para este curso "a distancia". Uno, Gobello, consolidado académicamente en esa disciplina que, para Borges, supo instaurar hace más de medio siglo, y Oliveri, el otro, discípulo directo y antiparricida, observador hábil de las mutaciones de los vocablos y modismos de más cercana actualidad.

Para Gobello, el docto, "el lunfardo es un vocabulario cuya principal característica ha sido el aporte inmigrado, en el sentido directo de la palabra, es decir traido en el habla de los inmigrantes, principalmente italianos" y cuyo "gran protagonista no es delincuente sino el compadrito". Al entrar en el tercer milenio, asevera Oliveri "el lenguaje se degrada" y "su característica más notable es la coprolaria", con su medio de comunicación masivo, la cumbia villera, que, hasta ahora y en opinión de quien suscribe, no ha dado aún poetas de la talla de un Cadícamo o un Manzi, a quienes el habla coloquial no les impidió expresarse con sentimiento y sensibilidad, ajenos al desborde contestatario con rasgos de vindicta y rudeza controvertibles.

Dicho este "desahogo" nadie podrá dudar de que este "tratado" más que básico es casi exhaustivo, de lectura obligada para quienes, con gafas de curiosos o bisturí en mano, los investigadores, se aproximen a un suceso parlasocial que, lejos de encerrarse en sus viejas raíces, continuamente prodiga frutos jóvenes, testimoniando su absoluta vigencia y las particulari-dades que lo diferencian de otros modos dialec-tales divulgados en el mundo.

A la sapiencia de los autores ambos experimentados en hurgar y registrar, con buen oído y mejor pluma, el voquible en su precario existir de neologismos al arcaísmo -porque el tiempo muele su propia mudanza-, el volumen está enriquecido con sendos vocabularios que ayudan a cotejar épocas históricas, escalas sociales y los usos y costumbres del pueblo, en general, sin invadir la inserción tanto de las jergas delictuales como la de los oficios y la tecnología, puestas al día.

Cabría destacar, finalmente que el estilo didáctico de los textos, accesibles mediante la fluidez y claridad expositiva. Tanto Gobello, con su inveterada autoridad docente, como Oliveri, asistente sagaz, coadyuban para que la recopilación de las sesiones de la cátedra de lunfardo dictadas en el Centro Educativo del Tango y en el Liceo Superior del Tango, respectivamente, lleguen a todos como recién horneadas.