Vidas paralelas

 

por el Académico de Número, don Oscar Conde

Por su parte, el rock nacional viene dando sobradas muestras de estar adquiriendo cada vez más una "conciencia tanguera". Ha pasado progresivamente de la elusión a la alusión y tácitamente se proclama como único heredero. Si en su momento sorprendió que Divididos, Fito Páez o Los Visitantes cantaran y compusieran tangos, no resultó inadecuado que lo hicieran Los Pericos, Los Piojos, Los Cadillacs y hasta Charly García, ni que Mariano Mores y Andrés Calamaro compartieran el mismo escenario.

Es que los paralelos entre el tango y nuestro rock son muchos. Musicalmente, ambos son productos híbridos, pero primordialmente importados. Porque si detrás de uno está el rock anglosajón, detrás del otro está la habanera cubana, perfeccionada durante décadas en España. Asimismo, los dos nacieron como géneros marginales y como una música hecha por y para jóvenes. Sería la aceptación y el "adecentamiento" lo que transformaría al tango en las décadas del '30 y el '40 en un producto plurigeneracional. Ni más ni menos que lo que está pasando hoy con el rock. Basta con ir a un recital para comprobar que personas de 50 y hasta de 60 años comparten las plateas o las tribunas con adolescentes de quince y muchos matrimonios de entre treinta y cuarenta llevan a sus hijos a ver y compartir con ellos este nuevo ritual de la antigua fiesta pagana que se desarrolla en espacios abiertos, estadios o teatros, y que se vive con el mismo fervor e idéntico entusiasmo -no uso la palabra livianamente- que la propia tragedia griega.

En los '50 y los '60, los viejos tangueros se sorprendían, si no se horrorizaban, ante la renovación propuesta por Astor Piazzolla. Igual que hoy un tipo como yo puede sentir cierto "extrañamiento" ante la música de Dante Spinetta -salvando todas las distancias con Piazzolla, naturalmente-. ¿Al precursor Contursi no le "sucedió" su hijo José María? Tal como Dante con el flaco Luis Alberto. Bueno, se me dirá. ¿Qué tiene que ver Muchacha con Abarajame? Lo mismo que Mi noche triste con Gricel. Lo mismo. Y los tangueros militantes no pueden ignorar de qué estoy hablando.