No hay nada más hermoso que el lunfardo de Rivero…
León Gieco

 

Por el Académico de Número don Marcelo Héctor Oliveri

Cuando León Gieco canta en su tema "Ídolo de los quemados": "No hay nada más hermoso que el lunfardo de Rivero", nos está diciendo una gran verdad. Rivero fue y seguirá siendo el mejor intérprete del lunfardo. Basta con escuchar una y otra vez El ciruja para darse cuenta que nadie mejor que él para batirnos la justa.
Nuestro querido Académico don Leonel Edmundo Rivero había nacido en Valentín Alsina (provincia de Buenos Aires) el 8 de junio de 1911 y falleció en Buenos Aires el 18 de enero de 1986. Fue propuesto para Académico de Número en marzo de 1978. Los autores de la propuesta fueron los Académicos Luis Adolfo Sierra y Luis Alposta.

José Gobello en el Libro de los 40 años de la Academia Porteña del Lunfardo dice que Rivero comenzó su carrera artística en 1937. Aunque ya era para entonces un notable guitarrista (su propio padre fue su primer maestro). Cantó en la orquesta típica de José De Caro y luego, en 1935, fue llamado para cantar en la que había formado el violinista Julio, hijo de don José. Horacio Salgán lo convocó en 1944. Simultáneamente cantaba en dúo con Carlos Bermúdez en el conjunto Los cantores del Valle, que grababa para el mercado colombiano. Terminado el contrato con Salgán, pasó a la orquesta de Aníbal Troilo, a quien acompañó hasta 1950 en las radios y bailes. Con Pichuco grabó 22 composiciones.

Al desvincularse de Troilo, Rivero inicia su carrera de solista en su boliche El Viejo Almacén a partir de 1969. Allí se lo solía ver todas las noches.

La popular tanguería de la calle Balcarce fue entre los años 70 y 80 el lugar más importante de Buenos Aires. Todo el jet-set nacional e internacional recalaba en El Viejo Almacén y disfrutaba del decir porteño y lunfardo de Rivero.

José Gobello compartió con Rivero la conducción del programa La Esquina de Rivero. Fue por el viejo canal 7 entre 1971 y 1972. Allí Edmundo cantaba desde un proscenio acom-pañado por sus músicos y luego descendía al estudio y participaba del diálogo que Gobello mantenía con los invitados.

Su paso por el cine es recordado en los siguientes filmes: Pampa y cielo (1938), El último encuentro (1938), El inglés de los güesos (1940), Fortín alto (1941), El camino de las llamas (1942), El cielo en las manos (1950), Pelota de cuero (1963), La diosa impura (1964), Buenos Aires, verano de 1912 (1966, no estrenado comercialmente), Argenti-nísima II (1973) y Buenos Aires, la tercera fundación (1980).

Al despedir sus restos en el cementerio de la Chacarita, dijo José Gobello: "Fue durante cuarenta años el cantor del pueblo, el que echaba a volar las penas y las expectativas del pueblo en alas de la música, pero también el que antes de echarlas las sentía como propias. Su corazón sufrió durante cuarenta años las penas de todos. Bastante resistió el pobre."

Quien firma esto sostiene que Edmundo Rivero será por siempre el mejor intérprete de lunfardo y el mejor anfitrión que tuvo la noche de Buenos Aires cuando desde El viejo Almacén, el maestro, como con bronca y junando, nos hablaba del cafiolo vidalita…