Hijo mío

Nadie escucha los lamentos
que desgarran mi corazón,
nadie tiene por mis penas
ni un gesto de compasión.
Lloro sola sin amigos,
sin amparo, ni piedad
a mi pobre hijito que se ha muerto,
al hijo que hallé yerto
volviendo de bailar.

¡Hijo!,
hijo mío, mi tesoro
todo
era tan solo por ti.
¡Hijo!,
yo que me he vendido al oro
perdí mi honra y mi decoro
y ahora te he perdido a ti.
¡Ríe!,
la patota me ordenaba,
goza
del champán y la cocó,
mientras
que mi corazón sangraba
sonreía y me acordaba
de mi hijito que murió.


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