Cuando era chiquitito jugaba al soldadito, tará, tará, tarí, tarí, tarí, tarira. Tenía un sable dorado y un kepis colorado tara, tara, tara, rataptán, plan, plan. Qué lindo aquel tiempo feliz de la vida. La dulce inocencia que nunca se olvida. Volver a ser niño tan sólo un minuto, y así repetir: ¡Tará, tará, tarí!...
Hoy, que lejos del hogar, en el cuartel, el jueguito aquel es hizo realidad, sólo pienso en la viejita que dejé y ansiosa me ha de esperar. Me parece verla allá en mi pueblito, sonriente y dichosa al verme llegar, y al darme un abrazo de amor infinito dos lágrimas puras no puede ocultar... Pobre vieja, se figura ver en mí siempre aquel travieso chiquilín... |