Colgada de la noche, con el gusto amargo del último tango, viajás hasta el silencio que alquilás a medias con tu soledad. Detrás quedó la risa frágil del licor y un préstamo de piel a cambio del barniz que pueda camuflar tu vida sin color, para poder seguir.
Princesa desteñida de acunar ensueños que no se cumplieron. Te ve la madrugada regresar a un mundo que te queda mal. Y allí, sin arrugar la seda ni el rencor, te desnudás la vida muerta de morir y en cinco miligramos procurás olvidos con olor a fin.
Todo fue un triste espejismo: la magia, los duendes y el hombre soñado. Alguien pasó por tu lado quemando tu joven manera de amar. Protagonista de un cuento, de un breve momento que ya terminó. Hoy, con los sueños gastados, vendés el pecado de tu corazón.
Ayer, por la mañana de tu adolescencia caminó la vida. Tramando fantasías sobre el rojo vivo de tu voluntad. Abierta en el misterio loco de crecer erraste, mariposa, tu destino azul quemándote las alas en la llamarada que forjó tu cruz.
Hoy tiembla tu silencio de muchacha oscura sobre la rutina. De un último lenguaje que de mano en mano te conjuga mal. Ya es tarde para odiar la turbia condición de hacer con la verdad cometas de papel, ya está tarde para andar buscando sin hallar lo que no pudo ser. |