Una nena tengo yo, divina sin igual, artista en el besar y en el enamorar. Si un beso le pido yo suele remolonear y yo, desesperado, por conseguirlo debo cantar:
Ay, dámelo... no seas cruel, porque si no pobre de vos, ha de morir todo mi amor por ti. Y al contestar mi petición suele negar, entonces yo digo que no la besaré jamás... Te lo doy, díceme, por no reñir, y la mimosa me da un beso fenomenal. Y entonces yo vuelvo a pedir: dame otro más, pues sólo así no moriría nuestra felicidad… |