Tan honda fue tu pasión que un día, llorando, me diste un ramito, lo guardo en un cofrecito y vela su sueño mi fiel corazón... Hecho con flores del aire y margaritas silvestres, con gajos de madreselva y con gramillas campestres, memoria falsa de ayer, lo guardo sabiendo que no has de volver.
Ramito santo, ramito triste, de tu pasado ya nada existe. Fue tu perfume como el amor, que pasa y deja sus reliquias de dolor.
El cofrecito abrirás y en vez de exhalando su dulce fragancia en prueba de mi constancia, mi bien, tu ramito, ya seco hallarán. De nuestras horas felices ya sé que no has de acordarte, sólo yo sufro la pena de no poder olvidarte. Y en pago de tu traición yo beso el ramito que fue mi ilusión. |