El patio está sombrío, porque ya la alegría se fue de la linda pebeta, la que al jugar radiante de placer nos hiciera gozar de verla tan coqueta. ¡Ya no la vemos volver de la escuela a la chicuela de hermosa faz! No se oye más la risita infantil de la que tanto dio que hablar a las vecinas. ¡Y, hasta las chicas muy tistes quedaron desde que la llevaron aquella mañana gris!
El día aquel que la muerte se acercaba al hogar, vi las caras angustiadas de aquellos que comprendían que el mal que la afiebraba pronto la llevaría... Y aun creo ver en su carita divina el dolor que la pequeña sufría. Mientras que, los que estaban silenciosos, lloraban con hondo sinsabor.
No sé por qué, el hermoso rosal que el patio perfumó marchito se ha quedado, como si al ver la triste soledad supiera que el dolor a todos ha embargado. Si hasta parece que el pobre supiera que ella fuera, vida y amor. Si alguna vez me parece sentir la melodiosa voz de la que ya se ha ido. Ante la amarga verdad de este presente suspiro amargamente por un peso abrumador. |