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por Julio
Nudler
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Nombre completo: Susana Natividad Rinaldi
Apodo: La Tana Cantante, actriz. (Buenos Aires el 25 de diciembre de 1935) |
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Con un estilo nuevo, una voz delicada y un decir por
momentos sutil o rotundo, Susana prescindió de las inflexiones
arrabaleras, de los temas machistas o de trazo pasional grueso, apelando
a un repertorio variado pero cuidadosamente elegido, que mezclaba romanticismo
y mensaje (por ponerlo en nombres de letristas, José
María Contursi y Enrique Santos
Discepolo), poesía y protesta (Homero
Manzi y Cátulo Castillo).
Atrajo así a un público intelectualizado,
incluyendo a una franja universitaria, que a través de ella revalorizó
el tango. Luego interpretó magníficamente a creadores
nuevos, como Eladia Blázquez (es
óptima su versión de "Sueño
de barrilete"), el tándem Osvaldo Avena-Héctor
Negro ("Responso para un hombre gris") o Chico
Novarro ("Cordón").
Con el paso del tiempo, perdida la frescura inicial
y volcada, dentro y fuera de la Argentina, al tango-espectáculo,
con sus desvirtuaciones y estereotipos, Rinaldi fue adoptando tics y
énfasis que resintieron su calidad, aunque afortunadamente en
años más recientes eliminó esos excesos. Más
allá de sus vaivenes, el tanguero tradicional argentino nunca
la quiso, haciéndole un injusto vacío, pese a lo cual
conservó un público fiel.
La suya es una figura solitaria, que dio y ganó
su batalla de elaborada artista popular, librada a sus propias fuerzas.
Hija de un matrimonio dispar -padre de familia burguesa,
madre de extracción obrera-, vivió una infancia dislocada
por sucesivas mudanzas a través de las provincias. A partir de
1949, y por ocho años, estudió canto de cámara
en el Conservatorio Nacional de Música. En 1955 ingresó
a la Escuela de Arte Dramático. Dos años después
debutaba en televisión, y en 1959 representaba su primer papel
en un teatro, en una compañía encabezada por dos grandes
figuras de la escena argentina: Alfredo Alcón y María
Rosa Gallo.
En 1966 los fundadores de un sello discográfico
independiente, Madrigal, le propusieron grabar un recital de poesía,
pero ella les sugirió en cambio un disco en que cantaría
tangos. Tras una prueba, aceptaron, y así, a fines de ese año,
apareció su primer álbum, con conducción musical
del bandoneonista Roberto Pansera.
Tras un bache, su carrera de cancionista, apoyada por
la crítica, cobró enorme impulso y eclipsó a la
de actriz. Cantó en un local donde había estado actuando
Piazzolla (en la calle Tucumán
676), y con él compartió después un ciclo en Michelangelo,
un célebre club nocturno aún vigente, mientras seguía
grabando.
Es de destacar que registró un disco de cuatro
temas con otro gran vanguardista, Eduardo Rovira, y que en 1970 dedicó
todo un long play a tangos con letra de Homero
Manzi. Este fue editado por otro sello independiente y de gran mérito,
Trova, que cinco años más tarde lanzó otro LP de
la cantante, íntegramente consagrado a Cátulo
Castillo.
Ella y su marido, el bandoneonista y director Osvaldo
Piro, abrieron en 1971 el café concert Magoya en Mar del Plata,
el principal balneario de la Argentina, sobre el Atlántico.
Rinaldi se consolidó así como una exitosa
cantante escénica, tanto en locales pequeños como en grandes
espectáculos, mientras incursionaba como actriz de cine.
En 1976, ya instaurada en el país una nueva
dictadura militar, debutó en París, ciudad en la que terminó
radicándose en 1989 y desde la cual ya había logrado convertirse
en la más importante voz internacional del tango.
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