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Bandoneonista, director y compositor (24 de febrero de 1892 - 29 de septiembre de 1924) Nombre real: Lorenzo Arola Apodo: El Tigre del bandoneón |
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Seguramente, cuando hablamos del tango canción,
se produce un acuerdo unánime en la figura incomparable de Carlos
Gardel, lo que no ocurre cuando la discusión se dispara a
las orquestas o al resto de los músicos o cantantes.
El caso de Eduardo Arolas, es otra excepción,
su extraordinario talento como compositor, lo colocan un peldaño
arriba del resto, lo que constituye un mérito aún mayor
si tomamos en cuenta que en su generación surgieron los más
grandes creadores de tango. Baste recordar a músicos de la talla
de Agustín Bardi, Vicente
Greco, Arturo De Bassi,
Juan Carlos Cobián, Roberto
Firpo, entre tantos otros.
Así Gardel y Arolas, son a mi juicio, la piedra
basal del tango moderno, el primero francés de nacimiento y porteño
de adopción, el segundo argentino, hijo de padres franceses.
Dueño de una creatividad melódica increíble,
irrumpe en la actividad musical como modesto ejecutante de la guitarra,
su primer instrumento, de la mano de su amigo Ricardo González,
"Muchila".
Pero será el bandoneón el responsable
de su consagración y el fiel testigo de su genio y de su vida
atormentada.
Unos pocos años le fueron suficiente para componer
más de cien obras de excelente calidad, en las que hace gala
de una estructura moderna y compleja, llena de posibilidades para los
arreglos y las variaciones.
Las melodías no son menos, transmiten melancolía,
romanticismo y en algunas, un dramatismo sobrecogedor, pero todas ellas
de una infinita belleza, propia del espíritu modernista del autor.
Parafraseando al querido investigador Héctor
Ernié, estamos en presencia de un fenómeno con mayúscula,
que sólo vivió 32 años.
La excelencia tributa en toda su obra, "El
Marne", "La
cachila", "Comme
il faut", "La guitarrita", "Lágrimas",
"Maipo", "Retintín",
"Viborita",
"Catamarca" y "Derecho
viejo", este último de un éxito impresionante.
Su primer tema "Una
noche de garufa" (1909) fue concebida intuitivamente, de
oreja, repetida de memoria, ya que no sabía solfeo y menos
escribir en un pentagrama. Fue Francisco Canaro
el primero que lo ayudó a perpetuarla, haciendo la partitura
del violín, luego Carlos Hernani Macchi escribió la parte
correspondiente al piano.
En este primer período que culmina en 1912,
compuso varios tangos entre los que se destacan "Nariz" y
"El rey
de los bordoneos", este último en homenaje al guitarrista
Graciano de Leone.
En 1911 inicia sus estudios musicales en el conservatorio
del maestro José Bombig y en tres años aprende teoría,
solfeo y armonía.
Ese mismo año formó su primer conjunto
con el guitarrista Leopoldo Thompson y el violín de Ernesto
Ponzio, actuando en diversos cafés de Buenos Aires y Montevideo.
Al poco tiempo integra un trío con el gran Agustín
Bardi al piano, y el violinista Tito Roccatagliatta y, en 1912, un cuarteto
con éste último y el flautista José Gregorio Astudillo
y la guitarra de nueve cuerdas de Emilio Fernández.
Al año siguiente es requerido por el director
Roberto Firpo para tocar en el cabaret Armenonville
del barrio de Palermo y en otros escenarios, para finalmente formar
su propia orquesta.
Entre 1913 y 1916, ya con estudios de solfeo y armonía,
aparecen sus temas "Delia", "Derecho
viejo", "La guitarrita" y "Rawson",
entre otros menos conocidos. También el tango "Fuegos artificiales",
obra realizada conjuntamente con Roberto Firpo.
Después sucederían incontables viajes
al Uruguay, actuando con gran éxito en Teatro Casino de Montevideo,
ciudad donde se radicaría para intentar olvidar un drama amoroso
que lo marcaría el resto de sus días (ver en La Biblioteca,
sección Crónicas, "Apuntes
sobre Arolas y su tiempo").
![]() Cuarteto Arolas (Montevideo) No obstante, volvía frecuentemente a Buenos
Aires para cumplir contratos puntuales y presentaciones, pero su autoexilio
se repetía al término de cada trabajo.
En 1917 participa como bandoneonista estrella en la
gran orquesta surgida de la fusión Canaro-Firpo, formada especialmente
para los carnavales rosarinos.
A partir de 1917 y hasta su muerte, escribe sus tangos
más famosos, algunos de ellos obras magistrales del acervo cultural
de nuestra música ciudadana, me estoy refiriendo a "La cachila"
y "El Marne".
De esa época son también: "Comme
il faut", "Retintín",
"Marrón glacé", "Rocca",
"Taquito", "Lágrimas"
entre muchas otras.
En 1920 se embarca a Francia y al poco tiempo regresa
a Buenos Aires que lo verá por última vez. De vuelta en
París, enfermo y alcohólico, muere el 29 de septiembre
de 1924, dejando su última obra, la única escrita en Francia:
"Place Pigall".
Arolas fue vanguardia en la composición y también
en la ejecución del tango.
Su orquesta lucía distinta a las otras, en 1917,
comienza a grabar para el sello Victor, donde se comprueba su sonoridad,
su brillo y un ritmo de una particular vibración.
Ernié nos dice: «Su marcación rítmica
en este período es mucho más elástica, no es tan
rígida y denota un mayor vuelo musical, más cantante,
mayor caudal sonoro. Resulta en comparación a las demás
orquestas de la época- la más avanzada.»
Después menciona la inclusión de instrumentos
no contemplados por otros directores, como el violoncello, el saxofón
y el banjo.
El hecho del poco reconocimiento al Arolas interprete
se debe, esencialmente, a la mala calidad de los registros discográficos.
Un párrafo aparte para tres de sus obras que
no fueron tan difundidas.
Me refiero en primer lugar a "Viborita",
de una melodía exquisita que podemos valorar en toda su medida
en el registro de la orquesta del violinista Agesilao
Ferrazzano del año 1927.
Después "Lágrimas"
donde destaco la versión de la orquesta de Alberto Mancione de
1953, con un arreglo respetuoso y delicado de la obra original.
Y, finalmente, "La guitarrita", el ejemplo
más acabado de la influencia que la música criolla ejercía
en nuestro bohemio compositor urbano. Son muchas las versiones que me
gustan de este tango, pero propongo dos: la de Francisco
Canaro de 1930 y la de Osvaldo Pugliese
de 1954.
En cuanto a sus obras más difundidas e importantes,
"La
cachila" tiene tantas grabaciones que merecería un capítulo
aparte, ya que la mayoría de las orquestas la incorporó
a su repertorio. De todas ellas me quedo con la versión del maestro
Carlos Di Sarli, de 1941.
Lo mismo podemos decir sobre "El
Marne", que además es la cortina musical de nuestro
programa radial Siempre el tango orquesta de Osvaldo
Fresedo de 1980- pero sin duda se destacan la versión de
Aníbal Troilo de 1952 y la de Horacio
Salgán registrada al año siguiente.
Arolas fue un genio irrepetible que se renueva permanentemente
y que nos conmueve cada vez que escuchamos la hondura de su obra.
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