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"Su vida fue una película..."
Entrevista a Tania
-TANIA:
¿Porqué el nombre Tania? Muy simple. Desde pequeña
me gustó actuar en teatro. En mi colegio en Valencia, formaba
parte de un grupo que decíamos versos, dábamos obras de
teatro, trozos de zarzuelas. Entre mis compañeras había
una niña que se llamaba Tania, hija de rusos. ¡Y me encantaba
el nombre! Para actuar, había decidido llamarme Ana Luciano pero
en ese tiempo, mi hermana que actuaba con su verdadero nombre, Isabel
Luciano, ya era una de las primeras tiples españolas.
Era la época de "El Conde de Luxemburgo",
de "La Viuda Alegre", de las grandes operetas.
Como mi hermana cantaba muy bien y ya era bastante conocida, le dijo
a mi Madre: "Mira mamá, me parece que Anita no debiera ponerse
Ana Luciano, porque mi nombre es grande y esta chica recién empieza.
No sabemos si podrá seguir en el teatro o no...". Todo eso
parece un poquito ridículo pero fue así.
Entonces yo, muy orgullosa, -tendría 12 o 13
años-, para actuar en el colegio dije: "Ahora sí,
también me voy a llamar Tania ...". Mucha gente cree que
me puse Tania por Anita al revés. No, lo hice por mi amiguita
rusa que también bailaba y cantaba.
-ARV:
Así comenzó su carrera profesional...
-TANIA:
Cuando los cuplés se popularizaron hacíamos pequeñas
giritas por las proximidades de Valencia; como si de Buenos Aires fuéramos
a Lanús, a La Plata. Entonces ya me pusieron Tania y desde ese
momento, nunca más me pude sacar el nombre. Había empezado
a cantar cuplés sola. Ya no era "la telonera", o sea
la primera que salía en el espectáculo. Iba de tercer
plano.
Y llegó un momento que se formó una gran
troupe para ir a París y que yo integraba con el nombre de Tania.
Ahí me lo quise cambiar porque ya estaba un poquito orgullosa...
"¿Por qué no me puedo llamar Ana Luciano?". En
resumen: que todo fue inútil. De ahí en más, nunca
me pude cambiar el nombre. Cada vez que quise hacerlo, el empresario
que me llevaba contratada o el representante, decían que Tania
sonaba muy teatral. Y así fui definitivamente Tania.
Y me casé con un bailarín muy famoso
llamado Antonio Fernández, cuyo nombre artístico era "Mexicán"
y cuando fui a bailar como "Tania-Mexicán. Pareja
de baile", también me hubiera podido cambiar el
nombre... pero no, seguí con el de Tania...
Es un cuento frecuente, hasta pesado... ¡Nunca
me pude cambiar el nombre! Lo intenté muchas veces pero parece
que no tuve la suerte de que alguien me dijera: "Sí, ahora
te vamos a llamar Ana Luciano". Y así me quedé.
- ARV:
¿Cómo llega Discépolo a su vida?
- TANIA:
De casualidad. Me escuchó en Buenos Aires. Le dijeron que cantaba
muy bien. Vine a Buenos Aires como parte de una gran compañía
española, con bailarines y cantantes muy famosos: Teresita España,
la Cachabella, Pablo Palitos con el Trío, yo, que me llamaba
Tania Mexicán... Y así comenzaron a saber de Tania en
Buenos Aires...
- ARV:
¿Cómo lo conoció?
- TANIA:
Yo cantaba algunos tangos en el "Folies Bergère"
que funcionaba en la calle Cerrito, pero como tonadillera. Lo que cantaba
verdaderamente bien eran los cuplés españoles. Decían
que el tango lo hacía muy bien. Hasta ese momento, la única
figura de tango que conocía era Azucena
Maizani.
Nunca había oído cantar tangos de esa
forma. Cuando la escuché y la vi, me atrapó su fuerza.
Una vez le escuché "Esta
noche me emborracho" y me dije, "¡Ay, si pudiera cantar
ese tango...!". Me sentía con fuerza para cantar cualquier
cosa, pero no un tango... Sin embargo, lo aprendí con Andrés
Caba, el pianista que me acompañaba.... Ensayamos y lo canté.
-ARV:
¿Cual fue la reacción del público?
-TANIA:
Un éxito brutal. Ese tango había tenido una popularidad
de locura. La gente lo cantaba por la calle... Bueno, un pedazo... y
como era un tango difícil, -no es un tango fácil...-,
la gente decía, "Esta noche yo me mamo bien mamao, esta noche
me emborracho bien"... Entonces yo, una chica joven, bonita y que
cantaba cuplés, canté ese tango y fue un éxito,
además de otros tangos que los cantaría tal vez regular.
Pero "Esta noche me emborracho"
parece que lo cantaba muy bien.
-ARV:
¿Y ahí lo conoció?
-TANIA:
Una noche me escuchó José
Razzano. Me preguntó si conocía a Gardel y me contó
toda su historia. La verdad es que no conocía a Gardel como no
conocía a Roberto Casaux, ni a Armando Discépolo, ni a
Alberto
Vaccarezza, porque yo era una muchacha recién llegada. Conocía
a la gente importante de España, pero no a la de Buenos Aires.
Y Razzano me dijo: "Mañana vas a cantar otra vez "Esta
noche me emborracho". Voy a venir con un amigo que es el autor".
Parece ser que Discépolo
no era de ir a los cabarets y Razzano lo empujó para que fuera.
Enrique, que ya tenía 26 años, nunca había ido
a un cabaret. Suena a risa, porque es la edad en que los chicos iban
a los cabarets. Pero así era.
- ARV:
¿Quién se lo presentó?
- TANIA:
Razzano. Le empezó a decir que yo era una chica que cantaba canciones
españolas y que ahora cantaba tangos, que me querían mucho
en el cabaret, que me habían prorrogado el contrato, ... le contó
mi historia. Enrique me oyó cantar "Esta noche me emborracho"
y al día siguiente me mandó flores.
- ARV:
Muy romántico...
- TANIA:
Me mandó flores, me mandó bombones. Para mí, esas
cosas no tenían importancia porque eran tiempos en que los admiradores
mandaban cosas más importantes que flores y bombones... Me parecía
un asunto muy romántico, pero para una mujer como yo, joven,
con 24 años, ya eran muchas flores, muchos bombones, mucho te...
- ARV:
¿Qué le habían contado de Discépolo?
- TANIA:
Que era un buen actor y además, autor de ese y otros tangos.
El mismo Enrique también me contó que era autor y que
como actor, estaba haciendo un éxito teatral muy grande, "Mustafá",
escrito por su hermano, que era un gran autor. Porque parece ser que
todos los que me rodeaban eran grandes... Pero yo, nada: para mí
eran ilustres desconocidos. No conocía a nadie. Si me hablaban
de Pastora Imperio o Raquel Meller sí sabía quienes eran.
Pero para mí -recién llegada de España- todos estos
nombres eran desconocidos por más importantes que fueran.
- ARV:
¿Cómo fue la primera vez que salió con Discépolo?
- TANIA:
Un día nos invitó a mí y a unas amigas a tomar
el té. A los pocos días nos invitó nuevamente.
Fuimos a ver "Mustafá". Yo pensé
que con ese título, debía ser una de esas obras de Rodolfo
Valentino... y cuando llegué al teatro, -muy ignorante yo-, fue
una sorpresa.
Yo venía de España -y esto no es pedantería
de española- donde había visto a Ricardo Calvo, a Lola
Membrives, a Haydeé de López Heredia, a esos grandes.
Para mí el teatro tenía que ser igual que el de España.
Y cuando se levanta el telón, veo un tipo con un carrito que
vendía cinta de hilera y decía: "Compre hilera señorita,
pobre turco no vende nada". Estaba también Luis Arata, que
hacía el papel de un italiano...Y pensaba para mí, "¡qué
teatro!" Me parecía en broma, porque me acordaba del de
España al que estaba acostumbrada.
Y luego salía el galán que me había
estado mandando flores y pensé: "Ahora sí. Va a salir
Rodolfo Valentino....". Y no, era Enrique que hacía el papel
de un pobre turquito que vendía cintitas de hilera, zapatitos,
medias...
Cuando terminó la función, Armando -muy
pedante-, me pregunta: "¿Qué le ha parecido la obra?"
y le respondí: "No entendí nada". Parece ser
que después le dijo a su hermano: "¡Qué ignorante
es esa chica. No ha entendido!". -"Es que llegó hace
poco, Armando...". Trabajaban todas estrellas: Luisita Vehils,
Rosa Catá, Miguel Faust Rocha... Pero lo que yo no entendía
era la obra, ni menos sabía quienes eran los actores. Y eran
figuras que luego, al cabo del tiempo, fueron de mis mejores amigos.
Esa es la historia de cómo nos conocimos.
- ARV:
¿Qué año era?
- TANIA:
1927... cuando empezamos a salir.
- ARV:
¿Cómo era Discépolo? ¿Callado, extrovertido?
- TANIA:
Era más tímido que yo.
- ARV:
¿Cómo le propuso salir la primera vez?
- TANIA:
Igual que me propuso ir al teatro: a tomar chocolate con una amiga.
Y salimos una vez... Pero Enrique no me invitaba a ir con él
a ningún lado, salir sola o vamos... a cualquier lado, ¡qué
sé yo! O decirme "tengo un departamento"... ¡Yo
lo quería llevar a tomar té a mi casa! Yo tenía
un departamento muy lindo en la calle Uruguay en el que vivía
con dos amigas mías y ahí tenía de todo. Yo quería
que viniera, pero él, muy pudoroso, no quiso hacerlo.
-
ARV: ¿Los amigos de Discépolo la aceptaron
enseguida?
-TANIA:
Una vez decidió presentármelos. Se reunían en el
"Tropezón" y el hermano le dijo "Sí,
tráela una noche para que la conozcan los muchachos". ¡Armando
fue pedante desde el día que lo conocí! Llegué
al "Tropezón" manejando mi auto, una
voituré roja. Entonces al tocar la bocina y salir Enrique a buscarme,
parece que hubiera llegado la Madonna, porque ¿cómo era
eso que una chica viniera a buscar a mi hermano? Y me invitaron a su
mesa. Todos muy amables..., todos me besaron... ¡qué rica..!
¡que mona..! ¡la españolita linda! Y estaban la Bertolín,
Alfonsina Storni, Roberto Tálice, Paulina Singerman y el marido,
Edmundo "Pucho" Guibourg... ¡Todo astros! Me tomaron como
una cosa rara porque era bonita, tenía algunas alhajitas y venía
en una voituré roja. La verdad que llegué como... ¡parecía
perro en bote! Pero bueno..., pasé el examen: a todos les parecí
muy simpática.
- ARV:
¿Y a Usted, cómo le parecieron ellos?
-TANIA:
Muy aburridos, porque no entendía nada de lo que hablaban. Estuve
una hora y su único tema era cómo hacer para juntar plata
para presentar "Fábrica de juventud", "Levántate
y anda", "Fin de jornada", "La Perichona"... No hablaban
de otra cosa... ¡Imagínese! Yo venía de ver en España
"El Conde de Luxemburgo" y "La
Viuda Alegre"... No comprendía nada de nada...
La gente no quiere entender que mi entrada en Buenos
Aires fue con demasiada gente importante. Yo podría haber empezado
a ir a la Avenida de Mayo a tomar chocolate con churros con mis paisanos.
Pero, ¡Paf!, de golpe llegué al mundo de Enrique....
Yo no sabía nada del Buenos Aires de Discépolo y sus amigos.
Y además, no los entendía. Querían hacer todo y
nadie tenía plata. Sólo podían tomar su cafecito...
Yo cantaba en la boite donde la gente bebía champagne y los habitués
eran los Anchorena, Unzué, Basabilbaso, Lanusse y el otro y el
otro. Esos eran los nombres que yo conocía... verdaderos reyes...
Esos eran los que yo frecuentaba.
Una vez, y luego de escucharlos hablar sobre las obras
y ver cómo podían hacerlas, se me ocurrió decirles:
"Bueno, si a ustedes les hace falta algo de plata, puedo empeñar
un brillante y les hago un préstamo". Iban a montar "La
Perichona" y resulta que no tenían plata ni para hacer los 22
sombreritos tipo galera de usaban los "petimetres", que eran
los actores del reparto, muy elegantes, que paseaban por el escenario.
Parece que el bruto que les hacía la ropa decía:
"¡Que no se pongan sombrero. Que se mueran de frío.
Ya no hay ni para sombreros!". Pero Paulina Singerman seguía
hablando... y la otra seguía hablando..., todos seguían
hablando... Armando, desde luego. ¡Todos..! Así es que empeñé
mi brillante y se dio la obra.
- ARV:
¿Cómo comenzó su relación personal con Discépolo?
-TANIA:
No me decía que vendría a mi casa a tomar café
o ... a lo que fuera... ¡Más claro no se lo puedo decir..!.
Hasta que un día me dijo: "Alquilé un departamento
chiquito pero lindo en la calle Cangallo, cerca del Tropezón.
Abajo vivía Roberto Noble, un gran periodista, y me contó
que había un departamentito disponible y lo alquilé. Ya
vivo ahí, pero solo. No con mi hermano. ¿Por qué
no venís a tomar un café?".
- ARV:
¿Cual fue su reacción?
-TANIA:
¡Yo encantada! Y fui. Pero por las dudas, me llevé una valijita
con un desabillé, un batón muy mono lleno de encajes,
unas chinelas y unas cosas más como para al día siguiente
levantarme e irme a mi casa. Pero me quedé... y me quedé
para siempre... En ese departamentito, que era chiquito, que tenía
una estufa de la casa. Y así se termina la historia.
- ARV:
O así empieza...
-TANIA:
El quería pero no lo decía. A mí todo el asunto
me parecía un poco raro porque yo era más moderna. Venía
de gente de más mundo que me decía: "¿Te querés
acostar conmigo?... Te regalo una pulsera". - "No señor. No me
acuesto con vos...". Yo hablaba un idioma y Discépolo hablaba
otro. Luego se juntaron los idiomas...
- ARV:
¿Discutían mucho?
-TANIA:
Nunca tuvimos peleas, nunca se ha dado un portazo, ni un "Me voy
y no vuelvo más...", como todos los matrimonios... Pues
nosotros no.
- ARV:
¿Porqué no se casaron?
-TANIA:
Yo me había separado de mi marido en Montevideo y no quería
casarme porque, como decíamos con Enrique, "el pueblo ya nos
ha casado". Enrique también me preguntaba: "¿Vos querés
casarte?". -"No", era siempre mi respuesta. Entonces ¿para qué
nos íbamos a casar? Y no nos casamos.
Y así siguió nuestra vida y nunca nos
separamos. Ese tango que dice "¡Araca victoria se fue
mi mujer!" no lo escribió para mí, porque
no me fui nunca. De esta manera vivimos hasta el fin de nuestra vida.
Muchas alegrías, muchos éxitos, poca plata, porque nunca
hemos sido gente de plata. Siempre hemos luchado. Cuando él hubiera
podido tener dinero, no se ganaban los sueldos que se ganan ahora en
el cine o en la televisión. Enrique hizo muchísima radio
pero nunca fuimos ricos. Y así vivimos siempre.
- ARV:
¿Tuvo tristezas?
-TANIA:
El fin de su vida fue muy penoso... Murió muy triste. Es lo único
que a veces me emociona. El, que había vivido siempre bien. Homero
Manzi decía que era "Don Fulgencio, el hombre
que nunca tuvo infancia". Siempre estábamos contentos. Enrique
no tuvo grandes penas, salvo cuando fue todo ese asunto de Perón
que él cada vez lo sentía más. Si hubiera sido
otro, lo hubiera sentido menos..
- ARV:
¿Cual fue su mayor tristeza?
-TANIA:
La falta de amigos. El pensaba que lo querían y lo despreciaron.
Sintió mucho la falta de compañeros, de amigos que le
dieran la mano. En fin, murió porque quiso morir. Porque cuanto
Perón más ayuda le daba, -no monetaria sino cariñosa-,
él más se entristecía por la forma que actuaban
sus compañeros.
- ARV:
En su casa, en su vida íntima, ¿era de buen carácter,
de mal talento, alegre, taciturno, locuaz, ensimismado?
-TANIA:
¡Alegre! Le gustaba la gente. Era muy amigo de sus amigos, ....
todos borrachos: Troilo, el Dringue Farías. Como Enrique no bebía,
no se quedaba con ellos cuando empezaban a tomar.
- ARV:
¿No bebía alcohol?
-TANIA:
Sí, pero muy poco. Se tomaba 3 whiskys pero no se emborrachaba.
Los otros llegaban a emborracharse, a otras cosas..., porque tenían
otra vida... el Dringue, Carlitos Castro "Castrito", Troilo.
Pero era más amigo de Manzi, de Cátulo Castillo, de Paco
García Jiménez, sus compañeros de SADAIC. También
era muy amigo de Osvaldo Miranda, de Francisco Lomuto, de Francisco
Canaro. Le hacían gracia las cosas de Canaro y de Lomuto.
- ARV:
¿Qué lo llevaba a componer un tango, aquello tan remanido
de la inspiración? ¿Cómo surgía una idea?
-TANIA:
Nunca he sabido, nunca. A veces me leía un pedacito de algo que
estaba haciendo y me decía: "¿Te gusta?". -"Sí,
es lindo" le contestaba. Otras veces, cuando lo tenía todo
escrito, y yo creía que me lo iba a leer, decía: "No
te va a gustar..." y lo rompía. Así que no sé
si me iba a gustar o no, porque lo rompía. Luego, cuando Enrique
tenía un tango que le gustaba, en vez de hablar con Manzi, o
con Troilo, llamaba al portero o a Manuela, nuestra cocinera.
- ARV:
¿Se los mostraba a ellos?
-TANIA:
También a Tomasito, que vendía diarios en la esquina.
Hoy es rico. Hablaba mucho con él. Enrique le daba consejos...
Tomasito, ahora, donde va lo cuenta y no le quieren creer que era tan
amigo de Enrique y que les leía sus tangos cuando todavía
estaban en preparación.
- ARV:
¿Para ver cuál era la reacción?
-TANIA:
Seguramente eso. Por ejemplo, más lógico es que hubiera
llamado a Manzi para preguntarle: "¿Te gusta?" Pues no,
primero llamaba a Manuela, al turquito que vendía cigarrillos,
al portero del departamento, a Tomasito... Y de pronto me comentaba:
"No lo han entendido" y eso lo ponía contento. Parece
idiota y es así: no les había gustado y Enrique estaba
contento. "No entendieron nada", decía...
- ARV:
¿Y a Usted le leía los tangos nuevos?
-TANIA:
A mí me leyó "Yira Yira"
y no entendí nada. Siempre me acuerdo que vivíamos en
el departamentito de Cangallo. Lo estrenó Sofía Bozán
en el Teatro Sarmiento en la revista "Qué hacemos con el
estadio" y ya lo cantaba todo el mundo por la calle. Una vez lo
paró un reo y le dijo: "¡Qué mente!". "Si,
-le contestó Enrique-, hoy me cortaron el gas." Y le
explicó a este señor, que no conocía, porqué
nos habían cortado el gas: no teníamos con qué
pagarlo. No era normal mi marido, ¿no le parece? Si a mí
me dicen "¡qué bien canta!", no les cuento una
historia, ni les digo "Sí, pero no puedo pagar el gas".
No era normal mi marido...
- ARV:
¿Le gustaba la poesía?
-TANIA:
Sí, leía mucho. De todo.
- ARV:
El no sabía música, ¿cómo componía?
-TANIA:
En el piano, pero apenas tocaba algunas notas porque lo hacía
de oído, no sabía música. Lo que escribía
se lo corregían los que sabían escribir música.
Les costaba mucho entender cómo podía componer y luego
escribir en un papel "do", "re", "sol", y así... Después
venían los grandes músicos de ese momento, y afortunadamente,
del "ta, ta, ta, do, mi, sol, mi", salía lo que él
quería. Cuando preparaba sus músicas escritas en "do",
"sol", "mi", venían después sus amigos músicos
y le decían que no estaba encuadrado, y Enrique les respondía:
"No importa. Es así". Por eso muchos de sus tangos van
de acá para allá. No son tan parejos como los tangos de
otros autores.
- ARV:
¿Qué recuerdos tenía de su niñez?
-TANIA:
Ninguno. No había jugado nunca, ni a las bolitas, ni tuvo una
bicicleta, porque estaba con unos tíos muy ricos que lo vestían
de payaso todos los días... Le ponían el esmoquin, la
corbatita para cenar y eso a él le dolía mucho. Enrique
empezó a jugar y a hacer cosas de chico cuando me conoció.
Nunca tuvo una bicicleta. No porque fuera pobre..., es al revés.
El pobre era el hermano.
Enrique vivía con unos tíos ricos, pero
era más pobre que ninguno por que no jugaba a las bolitas, no
iba en bicicleta. Lo llevaban al jardín de infantes y lo devolvían
a la casa. No tuvo afectos de familia.
- ARV:
Así que los recuerdos de su niñez...
-TANIA:
Eran tristes. Manzi siempre decía que empezó a divertirse
cuando me conoció.
- ARV:
¿Quienes eran sus amigos de confidencias?
-TANIA:
Tenía muchos amigos pero no un confidente, ese amigo confidente
que otros tienen.
- ARV:
En sus letras hay una constante presencia de Dios. ¿Era creyente?
-TANIA:
No era un hombre de práctica religiosa. Cuando murió (Francisco)
Lomuto, se celebró una misa de cuerpo presente en la Iglesia
de San Nicolás... Llegó a casa muy cansado. Como había
tardado mucho le pregunté qué le había pasado.
-"¡Qué espectáculo! Es una maravilla lo que he
visto. ¡Que lujo!, ¡qué trajes! Es un show, el show
más grande que te podés imaginar", fue su comentario.
Se divertía mucho conmigo solo... -"El traje dorado; el blanco
se los cambiaban por dorados; daban vuelta alrededor del ataúd
y le ponían un manto dorado, otro verde... Pero vieras qué
show... el lujo de la gente, todas con sombrero."
-"Pero ¿qué es eso que me estás
contando?".
-"Es lo que vi. Luego entraban cuatro o cinco por
un lado, todos iban de negro, bordado y salieron todos en dorado, más
o menos como en la revista del Maipo".
- ARV:
¿Pero creía en Dios?
-TANIA:
No sé. Nunca pude saberlo. Algunas veces que yo traía
alguna imagen a casa me decía: "¡Otro santito nuevo,
otro más, ¿qué vas a hacer?!" y de pronto entraba
en una iglesia y se quedaba una hora mirando un santo. Eso de San Blas
y las velas... Todo eso, ¿como le diré?.. le hacía
gracia. -"Una vela, ¡¿qué pasará?!"
comentaba. Pero no me decía: "Apagala". A casa venía
Monseñor Antonio Plaza y yo le decía: "No venga mucho
monseñor, porque usted va a terminar haciendo todo al revés".
Porque lo quería convertir... era muy divertido.. Discépolo
era un hombre muy divertido.
- ARV:
¿Qué le divertía?
-TANIA:
Las pequeñas cosas. No se entretenía yendo a las carreras.
Iba todas las noches al "Tibidabo" porque
tocaba Troilo. Se divertía mucho con Zita (la mujer de Aníbal
Troilo), o con Blacky (Paloma Effron). Yo no era celosa. Todos sus amigos
jugaban a las cartas, a las carreras y él no jugaba a nada.
Entonces el dueño del "Tibidabo",
que lo adoraba, le compró una maquinita como las que hay en los
Estados Unidos, esas que uno le coloca una monedita y adentro, una manito
escogía un premio. Y mientras los otros jugaban a las cartas
y se peleaban y otro había terminado de cantar un tango, y seguían
jugando al truco, Enrique se entretenía con la maquinita.
- ARV:
¿Cómo llega Discépolo al peronismo?
-TANIA:
Nunca lo supe, ni me preocupó. Discépolo y Lomuto conocieron
a Perón en Chile, cuando era agregado militar en la Embajada.
Parece ser que Perón jugaba al truco con Lomuto. Aunque Enrique
no sabía jugar, siempre estaba con ellos. Perón les tuvo
mucho cariño a los dos. Cuando vino Perón a Trabajo y
Previsión, se veían siempre. Perón era muy cariñoso.
Era cariñoso con todos, con los hombres y con las mujeres. Parece
que él siempre necesitaba cariño, pero daba cariño.
Perón lo llamaba casi todos los días. Eran muy amigos...
¿Por qué no hizo eso con Lomuto y lo hizo con él?
Vaya uno a saber... Enrique seguía todo lo que decía Perón,
que a él le parecía muy bien y lo defendía siempre
que podía. Pero desde la época que Perón todavía
no era conocido. ¡Imagínese cuando fue Perón...!.
- ARV:
¿La conocía a Evita?
-TANIA:
Era gran amigo de Eva. Lo llamaba por teléfono muy seguido. Enrique
tenía su número directo. Eva lo invitaba a cenar. Juan
Duarte, el hermano de Eva, me dijo un día: "No te preocupes,
si ninguno de los dos come...". Eran muy amigos...
- ARV:
¿Cómo la conoció?
-TANIA:
En el año 43 o en el 44, Discépolo estaba escribiendo
con mucho éxito unas audiciones para LR3-Radio Belgrano, de don
Jaime Yankelevich. La radio tenía una puerta grande por la que
entrábamos las figuras y había otra más chiquita,
que daba a un sótano, por la que pasaban los segundones.
Un día Discépolo llegó en auto
a la radio y una joven quiso entrar con él. Al verla, el portero
la detuvo. -"No, la señorita no". Enrique se volvió
y le dijo al portero: "La señora viene conmigo y entra por
acá". No sabía quién era y eso lo ha contado
mucho Pierina Dealessi. Y esa joven era Eva Duarte. Y como Eva tenía
una memoria extraordinaria, se acordaba de aquello que ocurrió
en Radio Belgrano y un día, años después, pidió
a sus ayudantes que lo llamaran, que lo quería conocer.
"Ese hombre es un señor", dijo Evita.
También quiso mucho a Pierina, porque cuando Eva llegó
a Buenos Aires, estuvo durmiendo muchas noches en casa de Pierina, pero
con cariño, no por piedad. Dormía en su casa porque la
chica en vez de estar sola en una pensión, tenía el afecto
y la amistad de Pierina. Eva no se olvidaba de esas cosas.
- ARV:
¿Usted fue celosa?
-TANIA:
No hubo razón. Un día que Enrique llegó a casa
muy tarde le pregunté qué lo había atrasado y me
dijo: "¿Sabes que pasa? Hay una chica que se quiere acostar
conmigo pero yo no tengo ganas". Si usted le dice a su mujer que
no se quiere acostar con alguien, no porque no le guste sino porque
no tiene ganas, -como yo no tengo ganas de ir al teatro-, no se puede
molestar.
- ARV:
¿Discépolo tenía preferencia por alguno de sus tangos?
-TANIA:
El último. Siempre decía que el último tango era
el que más quería. Porque era como los padres: quieren
más al último hijo que nace. Siempre contaba que su último
tango era su último hijo. Y sentía el mismo dolor, pensando
que pudiera fracasar, que no llegara a tener éxito en la vida.
Hay que protegerlo.
Cuando componía un tango, le gustaba más
que cantaran ese en vez de "Uno", porque era
el último. Con "Cafetín de Buenos Aires"
tenía más miedo que con "Uno".
Eso, creo, les pasa a todos los autores. Porque lo último que
hacen, creen que no va a poder con aquello anterior que ya es un éxito.
- ARV:
¿Que opinaba del así llamado tango moderno, de la evolución
que ha vivido y vive el tango?
-TANIA:
El hubiera admirado mucho a Astor Piazzolla. Ya no nos acordamos, pero
Francisco y Julio De Caro fueron una renovación brutal. Hoy hablamos
de Piazzolla, porque fue como una bomba. Pero tenemos que pensar en
los hermanos De Caro con el violín con trompeta, las paradas
que hacían en los tangos. Discépolo admiraba mucho a los
De Caro. A él le parecía que cada uno tenía que
hacer lo que sentía. Creo que si hubiera vivido para conocer
la obra de Piazzolla lo hubiera admirado. O hubiera dicho: "Cómo
me gustaría hacerlo así aunque no pueda!".
- ARV:
¿Era amigo de Gardel?
-TANIA:
Lo trató poco. Realmente no fueron muy amigos. Se vieron cuando
Gardel decidió grabar "¡Victoria!"
y cuando hicieron los cortos que dirigió Eduardo Morera. Gardel
iba a grabar "Yira Yira" y la compañía
de discos quiso que hicieran la promoción juntos para una publicidad.
- ARV:
Así que no tuvo una gran amistad con Gardel.
-TANIA:
Nos hicimos más amigos cuando coincidimos en Francia. Nosotros
debutamos en París y él estaba allá con sus músicos.
Pero no fue la amistad tan estrecha que los unió con Troilo o
con Manzi.
- ARV:
Usted me habla de Troilo y Manzi y no menciona a otro gran autor contemporáneo
como Enrique Cadícamo.
-TANIA:
Desde ya que se conocían, pero no eran tan amigos. Discépolo
se daba con todos. En ese entonces se reunían mucho en SADAIC.
Hoy, aunque quieras, uno no se puede reunir con fulano o con fulana,
porque no se dispone del tiempo y el lugar que ellos tenían.
En SADAIC se divertían. Canaro, que siempre estaba ahí,
decía "conceto" y "coletivo" y Enrique le comentaba:
"Se te han caído algunas letras...". Era una broma,
porque lo quería mucho.
- ARV:
¿Qué opinaba Discépolo y que opina Usted de la música
criolla?
-TANIA:
A mí me gusta mucho y a Enrique también. Algunos intérpretes
me gustan más que otros porque los entiendo más. Lo que
no me gusta, y lo digo tranquilamente, es la forma que tienen de actuar
ahora algunos tangueros y tangueras.
- ARV:
¿Cuales son sus cantantes de tango preferidas?
-TANIA:
Mercedes Simone, por ejemplo, tenía una gran fuerza. Libertad
Lamarque, era más romántica. Azucena Maizani era fuerte,
más al estilo que yo canto. Pero ahora, ¿qué le podría
decir?: "tal muchacho canta mejor que otro". Sí, de
pronto canta uno y me gusta; canta otro y me gusta más; pero
no le podría decir... que me quitan el sueño. Goyeneche
por ejemplo, ¡cómo era!; como ese chico que murió..
Jorge Falcón. Eran chicos que creaban una forma de cantar, un
estilo. Ahora cantan de pronto con mucha voz. Yo no digo si cantan bien
o mal. A mí me gusta más el cantor disseur, por
ejemplo Roberto Rufino, que es hombre viejo, pero tiene un estilo que
me gusta.
- ARV:
¿Qué era la amistad para Discépolo?
-TANIA:
Algo muy sagrado. Un amigo es un amigo. Con un amigo se puede hacer
todo. Y él, de verdad, por sus amigos hizo mucho, y ha tenido
suerte... Por ejemplo, recuerdo que Enrique tenía un amigo chileno
que quería presentar en Buenos Aires el "Museo de Cera".
No se porqué razón no le daban permiso. Este amigo chileno
le dijo a Enrique: "Estoy muerto de hambre. Usted que es amigo de
Perón ¿porqué no le pide que me de el permiso para
presentar el espectáculo?".
- ARV:
¿Y lo logró?
-TANIA:
Discépolo tuvo la suerte de que cada vez que le pidió
algo, Perón siempre le dijo que sí. Porque Enrique nunca
le pidió cosas para él. Si usted le va a pedir a Menem
una cosa para mí es más fácil que si se la va a
pedir para Usted. De esto han pasado muchos años. Hace pocos
días, este amigo chileno me llamó porque le habían
dicho que yo estaba enferma. Ese hombre se hizo millonario. Cada vez
que voy a Chile me trata como si me fuera a romper. Enrique ha dejado
muchos amigos. Por ejemplo quería a los judíos. ¿Por
qué los quería? Tenía un amigo judío en
el banco, que una vez le prestó plata y cuando se la fue a devolver
este amigo le dijo: "No, usted todavía no tiene. Cuando tenga
más la devuelve."
Enrique era un hombre agradecido. No olvidaba esas
cosas, hechos o detalles que ahora se han perdido o no tienen el mismo
valor. Antes, creo yo, los detalles tenían mucho valor. Porque
ahora, tal vez porque todos estamos más necesitados, a lo mejor
no le damos importancia a esas cosas. El, por ejemplo, sin tenerla,
ha prestado plata y hay gente que le prestó sin tener plata.
El era un amigo muy particular y muy amigo de las mujeres.
Yo no tenía celos nunca. Por ejemplo, adoraba a Zita, perecía
la novia. Se llamaban por teléfono todos los días.
- ARV:
¿Usted ha vuelto muy seguido a España?
-TANIA:
Dos o tres veces...
- ARV:
¿No piensa volver?
-TANIA:
Sí, a lo mejor vamos pronto. La última vez que estuve
fue hace quince años.
- ARV:
¿Tiene familia allá?
-TANIA:
Una sobrina, que vive en Valencia. Porque mi madre era valenciana. En
mi familia casi todos eran valencianos. La única toledana soy
yo.
Una vez estábamos con Enrique en un café
de Madrid y Lola Membrives nos presentó a Federico García
Lorca. Habíamos ido a Madrid contratados para actuar en "El
Palacio de la Música". Nos hicimos muy amigos y
García Lorca me dijo algo que no me voy a olvidar... -"¿Pero
cómo, hace cinco días que están en España
y todavía no te ha llevado Toledo?". Y le dice a Enrique:
"Mañana me la llevo....". Y me llevó a Toledo...
- ARV:
¿Cómo fue esto?
-TANIA:
Estábamos con García Lorca, Lola Membrives, el guitarrista
Regino Sáinz de la Maza y otros amigos. Todos insistieron para
que fuéramos a Toledo. Digo que me llevaron porque fueron ellos
los que organizaron el viaje. Y Federico hizo que el alcalde de Toledo
supiera que yo estaba en la ciudad, que había nacido allí
y que era artista... Y el alcalde, a las 12 del día, mandó
tocar en la plaza de Zocodober el Himno Argentino y la Marcha Real española.
En esa oportunidad estuvimos poco tiempo en España, pero García
Lorca y Discépolo se hicieron muy amigos. Federico era muy simpático,
muy alegre... Le fascinaba el tango. Su preferido era "Esta
noche me emborracho".
- ARV:
Si no estaban casados, ¿cómo es que tiene Usted los derechos
de las obras de Discépolo?...
-TANIA:
Eso tiene su historia... Resulta que un día me dice: "Voy
a hacer mi testamento". Pasó el tiempo e hizo un testamento.
No mucho después me comenta Manzi: "Voy a ser testigo del
testamento que quiere hacer Discépolo". Le respondí
que Enrique ya tenía uno. Y Manzi me dice que ese no era el que
importaba, que iba a hacer otro. Y después vino un tercer testamento.
Entonces le digo: "Enrique, ¿por qué hacés tantos
testamentos?. Es muy feo, parece que vas a morir mañana. ¿Siempre
querés renovar el testamento?".
- ARV:
¿Fueron tres testamentos?
-TANIA:
No. Después vino un cuarto y entonces ahí decidió
darme una explicación. "¿Sabes lo que pasa, Mami?, tengo
desconfianza, porque cuando me muera, no quisiera que tengas que ir
a pedirle a (Luis César) Amadori, a (Carlos A.) Petit, a fulano
o a mengano, que te contrate... Quiero que te quedés tranquila
y por eso te dejo 42 departamentos. Sí, 42 tangos, valses...
todo lo que he escrito. 42 departamentos que se tocan solos. Y las escaleras
no se rompen, los ascensores no se descomponen, los inquilinos te pagan,
nadie te va a deber, ninguno se va a ir sin pagar... Imaginate vos con
42 departamentos, que un inquilino se va, que el otro no te paga, estarías
como loca, Mami... Y si los tocan mucho o poco no importa: son 42".
Bueno, a esa altura ya me había convencido.
Pero siguió dando explicaciones: "Además, me estoy
poniendo unas inyecciones con una chica joven, muy linda. ¿Qué
te parece si de pronto me enamoro de esa chica y se me da por poner
todo a favor de ella...? Entonces, el testamento que tengo hecho ya
no vale... ¡Hay que hacer otro testamento!". Manzi, que sabía
toda esta historia, me mira y me dice: "Mirá, tu marido me
tiene podrido. Ya fui testigo de cuatro testamentos...". La verdad
que parecía una broma... Era como una obra de teatro...
- ARV:
¿Usted nunca pensó en escribir un tango?
-TANIA:
No. Enrique siempre contaba que una de las alegrías más
grandes de su vida, era haberse enamorado de una mujer que no fuera
intelectual. La verdad es que de intelectual yo no tenía nada.
A mí me hubiera gustado ser una Alfonsina Storni. -"No...,
no..., como sos está bien. No aprendas más que no te va
a servir para nada...".
- ARV:
¿Cómo se llamaban entre ustedes?
-TANIA:
Yo le decía Chachi y él a mí Mami.
Cuando estaba con problemas o muy serio, me llamaba Tania.
Nunca me dijo Anita. Además, no teníamos discusiones
porque todo lo que él hacía a mí me parecía
bien y lo que yo hacía, a él le parecía normal.
No hemos tenido peleas, esas cosas de no hablarse...
- ARV:
¿Sintieron no tener hijos?
-TANIA:
No, al menos nunca hablamos de eso.
- ARV:
¿No le gustaban los chicos?
-TANIA:
No, y a mí tampoco me gustaban.
- ARV:
¿De qué hablaba con sus amigos?
-TANIA:
Se reía mucho con las cosas que hacían. Y me las contaba
muy serio. Por ejemplo hablaba de un amigo al que quería mucho.
"Es muy buen mozo, muy inteligente, pero muy tonto..., no sabe lo
que hace. En Buenos Aires se baña, se viste, le dice a su mujer
que tiene que hacer un negocio en Punta del Este. Va al aeropuerto.
Toma el avión. Llega a Punta del Este y se encuentra con su amante.
Salen a cenar, después van al hotel. Tiene que desnudarse, acostarse
con ella. A la mañana siguiente, se tiene que bañar, salir
corriendo a tomar el avión para Buenos Aires... ¡Para 'coger'...
¿tanto trabajo!?".
Lo contaba así, como se lo cuento. Era una película.
Todos sus cuentos los hacía como una película. Su vida
fue una película...
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