Aunque es porteña su esencia, Mendoza, también es tango, y entre su vino y su rango el bandoneón es presencia. Perdonen, si en mi existencia de tanguero y soñador, me convierto en el cantor del arrabal mendocino, y con el don del Divino, les doy mi estrofa de amor.
El tango eterno ha llegado con bandoneón y guitarra para vivir en la farra del arrabal consagrado. Hoy, es mi fiel invitado, y a todos dejo el clamor. Por ser un gran trovador, y aunque mi lengua es de fango, Mendoza, también es tango, pa’que lo sepa, señor.
Disculpen si son osadas mis erres arrabaleras, y si mi lengua primera es de una antigua camada. Yo soy de la tierra amada, la del racimo de amor, cogollito de la flor que solo derrama aroma, y que además es la toma del verdadero cantor. |