Porteño impenitente, hecho a riel y a paciencia con todos tus estrilos y todos tus belines, histórico inquilino de mistongos bulines, Rey de la mishiadura y la rea inocencia.
Gomía inclaudicable de sueños pelandrunes, con noches de bohemia y con días de duelo, entre aquel pobrerío del tren del Riachuelo que cortaba Chiclana orillando Deán Funes.
Tus ojos gambetearon las noches de Corrientes y la índole fulera de algunas cuantas cosas; el barro del suburbio con sus musas rotosas, las llagas marginales de los pobres sufrientes.
Testigo invalorable de pasiones y grescas por los crepusculares suburbios amarillos de boliches y tabas, de almacén y codillos, almácigos poéticos de vida lunfardesca.
Resignado turista de una ruta sin chance, junto a Chango y Malambo, sus perros cadeneros, pungueadores de afecto por los atorraderos del amor, bien dispuestos a su imprevisto lance.
Y porque pretendías torcer la mishiadura y no te encandilaba ningún engrupe camba, mi corazón te bate que siempre te hizo gamba como el tiempo, que agranda tu “genio” y tu “figura”. |