Fue en Caballito una tarde, fue una tarde en un bailongo fue en un bailongo mistongo donde yo la conocí. La pebeta era una papa y como buen milonguero me agarré un camote fiero al momento en que la vi.
Le batí el justo al instante le dije que la quería y recuerdo todavía que orgulloso me sentí. En el dichoso momento en que su boca preciosa a mí pregunta amorosa me contestó con un ¡sí!
Al cabo de tres semanas de andar con la pesetita fallé una tarde a la cita que siento y me arrepentí, porque quiero todavía a la pebeta quesito que bailando en Caballito una tarde conocí. |