Cantan las aves sus himnos y a lo lejos del sendero, el "surco güey" de un boyero picanea sin cesar. En el boscaje vecino el zorzal suelta su queja, en una canción que deja un gran deseo de llorar.
A lo largo del camino como una gris humareda, se aleja la polvareda que la carreta dejó. Mientras que el boyero, triste, para olvidar sus pesares desahoga en sus cantares de una pena que lo hirió.
Y al declinar la tarde, cuando el sol se ha alejado, el boyero, ensimismado, desata su carretón. Los pajaritos cantores dispersos, buscan sus nidos y el boyero entre gemidos matea junto al fogón. |