Veinte años más amargos que una pena; ocultos en mi vida ya desierta, entonan himnos tristes de ansia muerta, me dicen que ya es tarde para amar. Veinte años solamente me separan de la flor nacarada de tu vida, en tanto que mi alma ya vencida se pierde tras la sombra de un penar.
¡Cuántos recuerdos quedan de nuestros amores! Un jardín lleno de flores arrullándolo en su albor. Y las pálidas camelias. Parecían que a las rosas le decían: ¡Qué preciosa, que divino que es su amor!
Y ahora que los sueños ya se alejan; amor, con sus caprichos de locura, cegándome al fulgor de tu hermosura, como antes nuevamente me hace amar. Mas veo que la nieve de los años, a tu lado es ridícula figura; por eso y con toda mi amargura, te digo que me tienes que olvidar. |