Rosaura, ha de extrañarte recibir noticias mías, la verdad es que no debía ni siquiera recordarte. Si te escribo es pa’enterarte que, desde que te has marchao, todo el mal que me has causao de ha poco se fue perdiendo, al tiempo que ha ido creciendo el gurí que me has dejao.
Es bueno pa’ tu vergüenza, si en tu vergüenza se mete que te enterés en qué brete has metido a mi conciencia. Una carta: la impaciencia de ir a cobrarte cuentas, la otra carta, lo inocencia del hijo que exige amparo. Las cartas se barajaron y al final tuve clemencia.
Con el hijo entre los brazos y un dolor fiero en el pecho yo vi mi rancho deshecho y mi sueño hecho pedazos. Pero Dios, que en el fracaso, quiso quedarse a mi lao, prendió fuego a aquel pasao y tiró sobre sus llamas aquella palabra... “Mama”, que el gurí ya había olvidao.
Ya ves, cinco años han pasao de eso que temo nombrar, porque no quiero ensuciar la carta que te he mandao. Nada de vos ha quedao, ni huellas de tu veneno, sólo un algo al que no temo porque no hiere mi orgullo... él tiene los ojos tuyos, igualitos, pero buenos. |