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![]() por Julio
Nudler
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Poet |
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Siempre adelantado a sus contemporáneos, en
1925 revolucionó todo lo conocido con "Suerte
loca", de un barroquismo que mostraba a la par su magistral manejo
del lenguaje y la claridad de sus ideas, pues nunca dejaba que la dificultad
de versificar torciera su propósito, en este caso la confección
de un manifiesto de hondo escepticismo, estructurado en base a metáforas
referidas al juego de naipes. Engarzada esta letra ejemplar en la magnífica
pieza musical escrita por el bandoneonista Anselmo
Aieta, el resultado es un tango de irresistible seducción.
El caso de "Barrio
pobre" es también singular. Escrito sobre música del
cantor y guitarrista Vicente Belvedere, alcanzó sostenido éxito
a partir de los años 40, en especial por la versión de
Carmen Duval con el acompañamiento
de Argentino Galván. La avanzada concepción de esta obra
provoca incredulidad en quienes se enteran de que fue escrita en 1926.
Parece también increíble que Carlos
Gardel no la haya cantado.
En 1928, Aieta y García
Jiménez presentaron "Alma
en pena", un tango de rara perfección. En éste el
letrista compone una escena auténticamente teatral, con un abandonado
amante que, al pie del balcón de su amada, recoge como una limosna
las promesas de gloria que ahora ella dirige a otro. Con estos versos,
poética y argumentalmente impecables, García Jiménez
alcanzó la cumbre de su arte. Muchos más tangos escribiría
aún, algunos de ellos excelentes, pero ya no podría superarse.
Sin haber cumplido aún 30 años había dado lo mejor
de sí.
Para José Gobello, «García Jiménez
fue un buen poeta que se malogró componiendo letras para músicas
previas... Casi todas sus letras delatan -dice- una laboriosa suma de
palabras exigida por la melodía. Esto es dolorasemente cierto
en los versos de "La
última cita".» Sin embargo, nuestra impresión
es que García Jiménez logró lo que para otro hubiese
sido imposible: adosar a esa hermosa pero indócil pieza de Agustín
Bardi una letra que no suena forzada sino natural, y que hubiera
podido existir independientemente de la melodía. Por eso mismo
ha podido ser entonada con tanto acierto por varios vocalistas.
García Jiménez recurrió sólo
excepcionalmente al lunfardo, siendo "Lunes",
de 1929, con su aguda pintura social, y "Farolito
de papel", de 1930, con sus soberbias metáforas, sus letras
de gran éxito en las que más apeló a él.
Letrista erudito y pulido, no se distinguió
en general por su hálito popular ni por su calidez. Prefirió
la construcción impecable de sus versos, los sentimientos sublimados
y esa distancia que suaviza los contornos. Esto favorecía la
belleza de sus imágenes, como ocurre en el vals "Palomita
blanca" o en el tango "Rosicler",
tan impregnados de imaginación poética. En otras ocasiones,
el poeta dejaba paso al argumentista, como sucede en "Carnaval"
o en "Siga el corso".
Por momentos romántico, como en "Tus
besos fueron míos"; nostálgico, como en "Malvón",
o simplemente humano, como en "Mamboretá",
García Jiménez pertenece a ese grupo de inspirados creadores
a los que debemos que la letra de tango no desmerezca a su música.
Su obra incluye muchos otros tangos de gran valor,
entre los cuales pueden destacarse "Bajo
Belgrano", "Entre
sueños", "Mariposita",
"Ya estamos iguales",
"Tiempo" y "Anteayer".
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