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Crónica de un tajo y un tango, “Recuerdos de Zambonini” |
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Por Néstor Pinsón |
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También se supo, que no conforme con la agresión, el atacante marchó hacia su casa y, de inmediato, agregó las notas musicales que faltaban en una pentagrama y, con firme morosidad, dibujó letra a letra las palabras del título de un tango: “Recuerdos de Zambonini”, en alusión al tajo inferido y utilizando su propio apellido, para que todos supieran del hecho. Un acierto impensado, porque el título perduró para siempre y la melodía pronto fue olvidada. El agredido restó importancia al asunto y sólo dijo haber sido herido de a traición. Pero fue más allá, también hizo un tango, “Mal pegador”, que no tuvo ninguna importancia dentro de su posterior obra autoral. Y aquí por lo que sabemos, todo terminó. De Don Roberto, es mucho lo que ha trascendido como personaje fundamental del tango, de “El Rengo” Ernesto Zambonini, muy poco. Aquí van algunos apuntes sobre su paso por nuestra música.
Francisco Canaro, que no era de hablar mal de sus viejos compañeros, y a quien Zambonini dedicó el tango, junto a Félix Camerano, no se inhibió de describir negativamente su personalidad: «Tenía el vicio de emborracharse, y cuando estaba en ese estado se convertía en hombre impertinente y provocador en extremo» y se citan sus palabras porque entre sus andanzas se cuenta una acaecida también en La Boca. En un local tocaba una orquesta de italianos y por alguna razón, seguramente el alcohol, los obligó durante horas a que ejecutaran únicamente su tango “La clavada”. Suponemos que la imposición habrá tenido una amenaza contundente. No lo podemos asegurar, pero también “La clavada”, por lo sugerente del título, se nos ocurre tendría que ver con ese episodio, permanente obsesión del autor hasta el final de sus días. Esto no obstante, el dibujo que ilustra la partitura, donde aparecen unos paisanos jugando a la taba. Pero tampoco, en la edición original de “Recuerdos de Zambonini” la ilustración hace alusión a la agresión, si no que muestra un coche a caballos con cuatro juerguistas. De su vida casi nada se conoce; sobre su aspecto, es interesante la breve descripción que hizo León Benarós: «Yo era un joven abogado trabajando en un juzgado en San Martín donde era juez en lo civil el novelista Miguel Ángel Speroni, quien me comenta: Estos escasos informes nos dan un perfil del personaje. Sin embargo tuvo una estrecha amistad con un hombre que bien puede situarse por cultura, refinamiento e incluso, condición económica, en sus antípodas: Carlos Posadas. A tal punto, que fue uno de los pocos que se mantuvo junto a su lecho cuando enfermó y casi el único que acompañó sus restos. Como músico se lo ha considerado, junto a Ernesto Ponzio, el creador del compás canyengue con el violín, como Prudencio Aragón lo fue para el piano y Leopoldo Thompson para el contrabajo. Compuso y editó una treintena de temas. Citaremos sólamente: “La calesita”, que grabó Canaro en 1924; “María Barrientos”, que evoca a la célebre cantante lírica; “Recuerdos de Zambonini”, objeto de esta crónica, que llevara al disco el Tano Genaro en 1913 y en cuya partitura, editada por Juan Balerio, puede observarse la única fotografía que se conoce de Zambonini (con rancho de paja, cigarrillo y lápiz) y donde se manifiesta, con una perversa ironía, al denominar la obra como “Tango precioso”. Por último “La clavada”, dedicado a Carlos Posadas, Juan Bergamino y Feliciano Herrera, que grabó Greco en 1913, Canaro en 1930, Fresedo en 1933, D’Arienzo en 1940 y 1967 y Horacio Salgán en 1950 y 1964, entre otros. Este fue, sin lugar a dudas, su tango perdurable. |
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