Por
Gaspar Astarita

o sé por qué razón, cada vez que me encuentro con él me surge de inmediato la letra de aquel tango de Eduardo Bonessi y Enrique Dizeo: «Bate el justo en la parada/ tan lindaza y tan bacana...», “Echaste buena”. Será porque verlo así, con esa estampa tan porteña, tan elegante y con ese decir en el que se nota cierto énfasis gardeliano sin declamación sino naturalmente, no pueden menos que surgirme esos versos del tango.

Delgado, alto, pintón, siempre bien vestido, es la imagen del porteño canchero. Cantor, guitarrero, actor e historiador de nuestro tango. Y destaco esto último porque es un estudioso y un apasionado por todos los fenómenos culturales y populares del Río de la Plata, en donde, por supuesto, el tango y Gardel son sus temas prioritarios.

En 1964, cultiva el repertorio criollo formando el dúo Blotta-Acosta. En 1966, como solista aparece como galán cantor en Cuentos de Fray Mocho, adaptación de Luis Ordaz y dirección de Héctor Propato, en el teatro de verano levantado en la Avenida Centenera y Avenida Roca, barrio de Pompeya.

En esa época, se presenta los días lunes en un breve espacio en la entonces LS4 Radio Porteña (hoy Continental), en el ciclo El mundo de la música popular, conducido por Líber Loccacio.

Entre 1968 y 1973, actúa en varias ocasiones, en el pequeño teatro Florencio Sánchez, de la calle Sánchez de Loria, barrio de Almagro, bajo la dirección de Rubén Pesce. Lo acompaña el Cuarteto Centenario.

Luego, supo hacer dúo con Eduardo Valle. Más tarde, integra elencos, siempre como segundo, en diversos locales con figuras ya consagradas del tango, acompañados todos por el trío compuesto por Aníbal Arias, Juan Carlos Bera y Miguel Nijensohn.

En 1971, se inaugura el Teatro de la Ribera, en La Boca, con el espectáculo Allá en la Boca de entonces, donde cantó a dúo con Héctor Palacios, en el elenco estaba María Esther Podestá como actriz destacada.

En la misma sala pero ya en 1976, se representa A la Boca con cariño, donde es el galán cantor junto a la actriz y cantante Nelly Panizza, Julio López, Hilda Viñas y demás. Con dirección musical a cargo de Víctor Buchino. También con su canto, ilustró charlas brindadas por miembros de la Academia Porteña del Lunfardo, como José Gobello, José Barcia, Luis Alposta, Enrique Puccia.

En 1979, forma dúo con Eduardo Fratta y obtienen el Gardel de Oro, otorgado por el Círculo Cultural Argentino de Tango. El dúo llegó al disco en dos oportunidades. Entre los años 1980 y 1985, tuvieron un espacio en el programa radial La noche con amigos, conducido por Lionel Godoy, que poco después continuaría sin su compañero, el espacio se titulaba Tres minutos y un recuerdo.

Y así, aparece su nombre en tantos desfiles de cantores, uno fue en 1981, para una reapertura del Café de los Angelitos, con Carlos Acuña y su admirado Raúl Berón. Más tarde, en el verano marplatense es productor de unas presentaciones en la Confitería París, de Raúl y Adolfo Berón.

En 1983, alterna en el viejo Café Nacional con Hugo Del Carril, Gloria Díaz y un conjunto dirigido por Armando Pontier, más las guitarras de Carlos Peralta y Ernesto Villavicencio y nunca faltaban las invitaciones para presentarse en algún programa de LS11 Radio Provincia, Radio Nacional, en el local La Cachila, entre otros.

Fue invitado a Costa Rica junto al bandoneonista Arturo Penón y el guitarrista Ciro Pérez y de allí, a Colombia donde ejerció la dirección artística de la Casa Gardeliana de Medellín que cerrara en 1997. Regresó y volvió a su país, periplo que repitió en cuatro oportunidades, estando en Colombia, actuó en el Café de las historias y en radio y televisión. También, tuvo la oportunidad de grabar un disco larga duración acompañado por guitarras. Una curiosidad fue la inclusión del tango “Viejos tiempos”, firmado por Gardel y Le Pera, que estuvo en el repertorio de don Carlos pero que no lo grabó. Existe una versión por la orquesta de Rafael Canaro cantando Aldo Campoamor.

En 1989, viajó a Miami para actuar en el restaurante Punta del Este durante tres meses, luego en el Añoranzas de Nueva York.

De sus grabaciones, que no fueron muchas, pudimos rescatar su larga duración realizado en Medellín para el sello Preludio y que data de 1986, los títulos son: “Soñando” (milonga de Antonio Moreno y Francisco Sciscente), “Cambalache”, “Dicha pasada”, “Ladrillo”, “Alma mía”, “Traicionera”, “Viejos tiempos”, “Soy un porteño”, “Patadura”, “Cobardía”, “Señor comisario” (de Francisco Canaro y Juan Andrés Caruso) y “Llora corazón” (de Horacio Pettorossi).

Nos queda la sensación que si bien la peleó con todo, no llegó a ubicarse, porque no era su época y, porque no decirlo, en ese momento difícil para el tango su estilo no llamó la atención del público. Intentó mucho y como otros muchachos consiguió poco. Pero lo suyo fue más grave, pues ya con familia, esposa y un hijo pretendió vivir solamente del tango y no era el momento. Supongo que tomó conciencia, que lo suyo era un fracaso, que ni por asomo su carrera se había acercado a sus sueños, y es posible, que su vida cargara con otros problemas.

Cayó en una profunda depresión que nadie pudo remediar, hasta que decidió terminar con su vida. Fue en el barrio de Flores. Quizás transitó unas cuadras por la avenida Rivadavia hasta la avenida Nazca y allí enfiló hacia el norte, o al revés, venía del norte y enfilaba hacia el sur, cuando empezó a cruzar las vías del tren y vio que uno se le acercaba, se detuvo justo frente a él y esperó. La desesperación no sabe de muertes menos agresivas. Quería ser destrozado.